DOGMA Y ESPIRITUALIDAD, por Teilhard
“La manumisión del ciudadano respecto de la superstición, que nubla la inteligencia y la razón, ya fue demanda de Spinoza para fundar un verdadero estado democrático. Pero, efectivamente, no toda la religión es superstición, sino solo aquella parte que esclaviza a la razón. La otra parte, la que no subyuga, abre al ser humano a otra dimensión que lo enriquece y lo trasciende. Nadie debe tener autoridad sobre esa parte, sino la propia conciencia del individuo y por ello no se puede sustentar sobre la misma ninguna institución ni ninguna iglesia. El “dogma” desaparecerá. Pero no veo en ello preocupación. Lo importante no son los dogmas sino las actitudes y estas se manifestaran más libremente sin aquellos. Por ello renacerá una espiritualidad más vital y sincera. Al menos eso creo.”
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La manumisión del ciudadano respecto de la superstición, que nubla la inteligencia y la razón, ya fue demanda de Spinoza para fundar un verdadero estado democrático. Pero, efectivamente, no toda la religión es superstición, sino solo aquella parte que esclaviza a la razón. La otra parte, la que no subyuga, abre al ser humano a otra dimensión que lo enriquece y lo trasciende. Nadie debe tener autoridad sobre esa parte, sino la propia conciencia del individuo y por ello no se puede sustentar sobre la misma ninguna institución ni ninguna iglesia.
Si la fe retrocede al contacto con la razón y aquella no es solar adecuado para cimentar ninguna iglesia, las bases del catolicismo pierden solidez.
Para mí fue muy significativo descubrir, después de una educación “tradicional” y “católica”, cómo los orígenes del catolicismo fueron vulgarmente políticos: Constantino, el concilio de Nicea, etc.; que los textos sagrados son una selección interesada y contingente; y que era muy difícil encontrar a nadie que entendiera el símbolo de la fe que todos los domingos recitábamos en la iglesia. Aún sentía como más difícil de aceptar, la cantidad de dolor causado históricamente de modo tan irracional por una institución pretendidamente santa: Galileo, Bruno, Servet, cátaros, judíos, inquisición, congregación para la doctrina y la fe, Küng, etc.
Sostengo la convicción personal de que, pese a las buenas obras realizadas por los católicos y las que hoy en día aún hacen, el balance es claramente negativo, y albergo la duda de que, si el cristianismo no se hubiera institucionalizado y politizado, Europa sería una mejor realidad que la que es en la actualidad. Quizás lo más estremecedor es adivinar cómo las personas que dentro del catolicismo han profundizado por la senda de la fe hacia una entrega total, e incluso el misticismo, tarde o temprano se ha dado de bruces con la inconsecuencia, padeciendo profundas dudas y depresiones: Teresa de Calcuta, Teresa de Jesús, y mil santos más.
Ciertamente, el catolicismo está fuertemente enraizado en nuestra sociedad. Es difícil sustraerse a todo bautismo, comunión, misa, boda o devoción, pero no menos cierto es que estas prácticas pierden por momentos su sentido. La inmensa mayoría de las personas no saben dar cuenta ortodoxa de estos sacramentos y si lo supieran quizás no se atreverían a recibirlos so pena de falsearlos. Así pues, el catolicismo se ha convertido en un enorme cascarón huero.
Hans Kolvenbach, anterior papa negro, general de los jesuitas, tiene dicho: “Pero ser don implica también —como lo demuestran ampliamente la vida y la muerte de tantas familias religiosas— que en un momento determinado la Iglesia necesite otros dones. La desaparición de esta o de aquella familia religiosa seguirá siendo siempre para nosotros un hecho doloroso y misterioso que sólo cobra sentido en el misterio pascual, que siempre alumbrará a los hombres y mujeres que siguen al Señor más de cerca”. Sólo hay que extrapolar esta idea, y buscarle el sentido profundo, para concluir, con Martin du Gard, que el “dogma” desaparecerá.
Pero no veo en ello preocupación. Lo importante no son los dogmas, sino las actitudes, y estas se manifestaran más libremente sin aquellos. Por ello, tras las premoniciones de du Gard, renacerá una espiritualidad más vital y sincera. Al menos eso creo.
Apostemos por ese ignoto impulso nuestro a que se refiere el autor y que no es sino el CONATUS de Spinoza.
3 comentarios »
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February 4th, 2010 @ 11:52 am
Estimado Teilhard:
Muchas gracias por tu aportación. Estoy totalmente de acuerdo con el contenido de tu comentario. Y, sin menospreciar el resto, me ha gustado muy especialmente este párrafo:
“La manumisión del ciudadano respecto de la superstición, que nubla la inteligencia y la razón, ya fue demanda de Spinoza para fundar un verdadero estado democrático. Pero, efectivamente, no toda la religión es superstición, sino solo aquella parte que esclaviza a la razón. La otra parte, la que no subyuga, abre al ser humano a otra dimensión que lo enriquece y lo trasciende. Nadie debe tener autoridad sobre esa parte, sino la propia conciencia del individuo y por ello no se puede sustentar sobre la misma ninguna institución ni ninguna iglesia.”
Me emociona profundamente encontrar a alguien que ha comprendido cabalmente la postura de Spinoza respecto a la religión, pues es la mía. Y la mayoría de los spinozistas no lo han entendido en absoluto, ni, por supuesto, ningún católico o protestante, incluyendo a sus pastores y teólogos.
Enhorabuena y un abrazo, amigo.
February 5th, 2010 @ 6:18 pm
Estoy contigo en que cuando acaban las religiones comienza la auténtica Religión, que no es otra cosa desde mi punto de vista, que la necesidad que tiene el ser inteligente de hacerse preguntas, de querer saber el por qué, para qué, el origen, el destino, la finalidad de la vida y la muerte, la atracción por el misterio del Universo, la grandeza de la Naturaleza creadora, etc.
Yo creo que gracias a las religiones, o sectas religiosas, el hombre ha estado condenado, hasta ahora, a no saber nada de lo que significa la Religión.
Observa que cualquier cultura extinguida de los pueblos llamados erróneamente salvajes, han desarrollado más su religión o parte espiritual, que ningún imperio o cultura occidental u oriental. Ya que desarrollaron su espiritualidad observando la Naturaleza, sin ritos, sin dogmas, sin gurús, sin codicia. Solo profesando un gran amor, respeto y admiración por toda la Creación. Tanto por la Naturaleza visible observada, como por la invisible que intuían y sentían como parte de sí mismos y del Todo.
Cambió la historia, pudo más la codicia, la parte burda, la apariencia. Aunque no me cabe la más mínima duda de que volveremos a sentir y buscar, como aquellos salvajes antepasados nuestros, nuestra más honda religiosidad. Mas que nada por dar sentido y felicidad a nuestras vidas vacías.
Un cordial saludo.
February 6th, 2010 @ 6:17 am
Estimado Teilhard, ese es también mi sentir. Gracias por la reflexión.
Quizás, intentando ver un poco más allá, podamos descubrir esa verdadera religión, que acompaña armoniosamente a la razón, en cada uno de nosotros. Porque no hay más Iglesia, no existe otra comunidad religiosa, que la que cada uno posee en su interior.
Las agrupaciones pretendidamente religiosas, carentes de verdadera comprensión del significado de los ritos y sacramentos que practican, tengo para mi que solo están sustentadas por el Miedo. Como todo sometimiento voluntario al dominio ajeno.
Desconocer nuestro poder para relacionarnos con lo absoluto, y depositar esa responsabilidad en una confesión, no puede darnos satisfacción. Por eso también creo que el Dogma está llamado a la extinción.
¿El Dogma? ¿O solo el Dogma religioso? Porque otro Dogma está siendo implantado, civil y aconfesional, pero tomado del Catolicismo: “Los Jueces han hablado, no hay más que decir”. Juez, Ilustrísimo Señor (¿no recuerda a nada?); en cuyas decisiones hemos de tener Fe. Y que rigen el destino de todos nosotros, de nuestra familia, de nuestra propiedad, de nuestra libertad. Todo de orden material … como la Iglesia Católica.
Espero que podamos ver también la extinción de ese nuevo Dogma; verlo sustituído por la razón y la responsabilidad del Magistrado. Y su elección popular.
Un abrazo.