SE APAGÓ LA VELA, PERO SU LUZ RESPLANDECE, por José Bono
“Vicente Ferrer nos ha dejado un doble legado; en primer lugar, su ejemplo de paz y felicidad interior, en segundo lugar, esa fórmula mágica para que el ser humano pueda sentirse bien consigo mismo y con los demás. «Creo que el mundo y la pobreza tienen arreglo. La única solución vendrá del amor: esa es mi religión y mi creencia», decía. Por eso marchó allá donde la dignidad del hombre permanece intacta, pero donde las personas mueren por la miseria y la pobreza extremas. Eludió la fama y el poder. No capitaneó cruzadas religiosas. Eso sí, dio de comer al hambriento y de beber al sediento. Fue bienaventurado. Martin Luther King decía que en nuestra generación tendremos que arrepentirnos «no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena». Vicente Ferrer prefirió encender una vela en lugar de maldecir la oscuridad. Copiemos de su ejemplo. Se apagó la vela, pero su luz resplandece.”
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Un prestigioso profesor de Psiquiatría escribía hace unos días en este mismo periódico que la felicidad es la vocación universal del ser humano. Reflexionaba sobre las cosas inmateriales que hacen al individuo sentirse bien consigo. Su receta contenía cuatro ingredientes indispensables: amor, trabajo, cultura y amistad. Aunque Vicente no pudo leer este artículo ‘En busca de la felicidad’, tengo la convicción que estos fueron los nutrientes fundamentales de su despensa y él, la encontró.
Vicente Ferrer nos ha dejado un doble legado; en primer lugar, su ejemplo de paz y felicidad interior, en segundo lugar, esa fórmula mágica para que el ser humano pueda sentirse bien consigo mismo y con los demás. La Fundación que lleva su nombre es depositaria de esta noble herencia.
Conocí bien a Vicente Ferrer y algunas de sus reflexiones no las olvidaré jamás: «Creo que el mundo y la pobreza tienen arreglo. La única solución vendrá del amor: esa es mi religión y mi creencia», decía.
El padre Ferrer combatió con fuerza el decaimiento moral, incluso físico, de quienes vivimos en el lado amable del Planeta. Por eso marchó, como dice la canción, «al lado oscuro», allá donde la dignidad del hombre permanece intacta pero donde las personas mueren por la miseria y la pobreza extremas.
Eludió la fama y el poder, rehusó grandes conversiones religiosas… No capitaneó cruzadas religiosas. Eso sí, dio de comer al hambriento y de beber al sediento. Fue bienaventurado. Enseñó a los humildes a transformar su futuro, a las mujeres descubrió el camino de la dignidad y a los niños a enterrar la semilla de la Educación.
Martin Luther King decía que en nuestra generación tendremos que arrepentirnos «no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena».
La revolución de Vicente, gente buena, fue silenciosa pero su obra es extraordinariamente atronadora. Por ello, todos los reconocimientos, en definitiva altavoces del bien, son merecidos. Prefirió encender una vela en lugar de maldecir la oscuridad. Copiemos de su ejemplo. Se apagó la vela, pero su luz resplandece.
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JOSÉ BONO, en Elmundo.es.
1 comentario »
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February 6th, 2010 @ 6:25 am
Bono, vaya caradura!! Dice verdades que le son ajenas. Como todos los de su ralea.
Saludos.