LAS ALTAS FUNCIONES DE LA INTELIGENCIA, por Ralph W. Emerson
“Considero como un gran hombre al que vive en una esfera más alta de pensamiento, a la cual los otros hombres se elevan con trabajo y dificultad; no tiene más que abrir sus ojos para ver las cosas a la luz verdadera y en amplias relaciones, mientras que los demás deben hacer penosas correcciones y mantener un ojo vigilante sobre las numerosas fuentes de error. El servicio que nos presta es de esa clase. Senadores y soberanos, a pesar de todas sus medallas, espadas y uniformes, no otorgan más honor que quien comunica a un ser humano pensamientos de cierta altura que revelan su inteligencia. El genio es el naturalista o geógrafo de las regiones suprasensibles, cuyo mapa dibuja; y al familiarizarnos con nuevos campos de actividad enfría nuestro entusiasmo por los viejos. Las altas funciones de la inteligencia están en todas las inteligencias eminentes, pero especialmente en los hombres meditativos que poseen un hábito de pensamiento intuitivo. Esta clase de hombres nos es útil, puesto que poseen la percepción de la identidad y la percepción de la reacción. Los ojos de Platón, de Shakespeare, de Swedenborg, de Goethe nunca se cerraron a esas leyes. La percepción de ellas es una especie de medida de la mente. Las mentes pequeñas son pequeñas porque no pueden verlas.”
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Todo hombre busca a aquellos que poseen cualidades distintas de las suyas y buenas en su clase: es decir, que busca a otros hombres y lo “más diferentes” que sea posible. Cuanto más fuerte es la naturaleza es tanto más reactiva. Mantengamos puras nuestras cualidades. De un genio pequeño no nos preocupemos. La diferencia principal entre los hombres consiste en si atienden o no a su propio negocio.
EL HOMBRE ES ESA NOBLE PLANTA ENDÓGENA QUE CRECE DE DENTRO AFUERA: PUEDE DESARROLLAR CON CELERIDAD Y SIN ESFUERZO SU PROPIO ESPÍRITU
El hombre es esa noble planta endógena que crece, como la palmera, de dentro afuera. Puede desarrollar con celeridad y sin esfuerzo su propio espíritu, de la misma manera que le es fácil al azúcar ser dulce y al salitre ser salado. Nos tomamos un gran trabajo en acechar y atrapar aquello que debe caer por sí mismo en nuestras manos.
Considero como un gran hombre al que vive en una esfera más alta de pensamiento, a la cual los otros hombres se elevan con trabajo y dificultad; no tiene más que abrir sus ojos para ver las cosas a la luz verdadera y en amplias relaciones, mientras que los demás deben hacer penosas correcciones y mantener un ojo vigilante sobre las numerosas fuentes de error. El servicio que nos presta es de esa clase.
A una persona hermosa no le cuesta esfuerzo alguno grabar su imagen en nuestros ojos y, no obstante, ¡cuán espléndido es el beneficio que nos produce! A un espíritu prudente no le cuesta transmitir esa cualidad a los demás hombres. Y todos pueden hacer con más facilidad aquello para lo que están mejor dotados. Pocos medios, mucho efecto.
Es grande aquel que lo es por naturaleza y que nunca nos recuerda a otros. Así como las plantas convierten a los minerales en alimento de animales, así también los hombres convierten algunas materias primas en naturaleza útil para la humanidad. Los descubridores del fuego, de la electricidad, del magnetismo, del hierro, del plomo, del vidrio, del lienzo, de la seda, del algodón; los fabricantes de herramientas, el inventor del sistema decimal, el geómetra, el ingeniero, el músico no han hecho más que hallar un camino fácil para todos donde no había más que una confusión inextricable e imposible. Todo hombre está secretamente relacionado con algún sector de la naturaleza, del que es el agente e intérprete, como Linneo de las plantas, Huber de las abejas, Fries de los líquenes, Vans Mons de las peras, Dalton de las formas atómicas, Euclides de las líneas y Newton de las derivadas y diferenciales.
LOS HOMBRES SON ÚTILES GRACIAS A SU INTELIGENCIA Y SUS AFECTOS; CONSIDERO QUE TODA OTRA AYUDA NO ES MÁS QUE UNA FALSA APARIENCIA
Un hombre es un centro para la naturaleza, que sirve para relacionar todo lo existente, fluido o sólido, material y elemental. La tierra gira y llega un momento en que todas las nubes y todas las piedras coinciden en el meridiano; del mismo modo, todo órgano, toda función, todo ácido, todo cristal, todo grano de polvo se relaciona con el cerebro. Tiene que esperar mucho tiempo, pero le llega su turno. Cada planta tiene su parásito y cada criatura su amante y su poeta. Ya se ha hecho justicia al vapor, al hierro , a la madera, al carbón, a la piedra imantada, a la yodina, al trigo y al algodón, pero ¡cuán pocos materiales utilizan todavía nuestras artes! La inmensa mayoría de las criaturas y de sus cualidades están aún ocultas y expectantes. Se diría que como las princesas encantadas de los cuentos de hadas esperan el hombre predestinado para liberarlas. Todas ellas deben ser desencantadas y aparecer a la luz del día en forma humana. En la historia de los descubrimientos, la verdad madura y latente parece haber ideado un cerebro para sí misma.
Los hombres son útiles gracias a su inteligencia y a sus afectos. Considero que toda otra ayuda no es más que una falsa apariencia. Si aparentáis darme pan y fuego, me doy cuenta de que pago por ello el precio justo y en fin de cuentas ello me deja como antes, ni mejor ni peor; pero toda fuerza mental y moral es un bien positivo. Esa fuerza brota de vosotros, lo queráis o no, y me aprovecha sin que siquiera lo sospechéis. No puedo oír hablar de ninguna clase de vigor personal, de ningún gran poder de acción, sin tomar una decisión. Emulamos todo lo que pueda hacer el hombre.
Senadores y soberanos, a pesar de todas sus medallas, espadas y uniformes, no otorgan más honor que quien comunica a un ser humano pensamientos de cierta altura que revelan su inteligencia. Este honor, que es imposible en el intercambio personal apenas dos veces durante toda una vida, es el tributo perpetuo del genio, pero ¿podemos darnos por satisfechos si la oferta es aceptada de cuando en cuando a lo largo de un siglo? Los índices de los valores de la materia se degradan hasta convertirse en una especie de repostería con la apariencia de índices de ideas. El genio es el naturalista o geógrafo de las regiones suprasensibles, cuyo mapa dibuja; y al familiarizarnos con nuevos campos de actividad enfría nuestro entusiasmo por los viejos. Aquellos quedan aceptados inmediatamente, como la realidad de la cual el mundo que hemos conocido no es más que la apariencia.
Las altas funciones de la inteligencia están tan ligadas entre sí que suele aparecer cierto poder imaginativo en todas las inteligencias eminentes, aún en los aritméticos de primera clase, pero especialmente en los hombres meditativos que poseen un hábito de pensamiento intuitivo. Esta clase de hombres nos es útil, puesto que poseen la percepción de la identidad y la percepción de la reacción. Los ojos de Platón, de Shakespeare, de Swedenborg, de Goethe nunca se cerraron a esas leyes. La percepción de ellas es una especie de medida de la mente. Las mentes pequeñas son pequeñas porque no pueden verlas.
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RALPH W. EMERSON, Confía en ti mismo. Ediciones 29. Traducción y selección de Mariano J. Vázquez Alonso.
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