LA RELIGIÓN DE JESUCRISTO, por Henri-Frederic Amiel
“Persuade en lugar de destruir. Las lluvias que fructifican son las ligeras y dulces; los torrentes asuelan, destruyen, y sólo dejan a su paso la desolación desértica. Combatir, sí, en último extremo, pero siempre lleno de espíritu de caridad; y agotar en el amor incluso la severidad, como hace el padre con el hijo; hacer del látigo caricia, y de la espada un favor. ¿No es este el verdadero culto, la verdadera manera de predicar a Dios y de combatir el mal? ¿No es la de Jesús? Solamente habló con vehemencia contra la hipocresía, y su método religioso fue siempre la mansedumbre infinita, la piedad profunda, el amor y el perdón. ¿Y no ha hecho más su dulzura que cualquier otra fuerza, y su paciencia más que lo violento, y su sufrimiento más que toda salud, y su muerte más que cualquier vida? ¿No resulta claro, a pesar de la alteración embrutecedora, de la petrificación que las sectas y las doctrinas han hecho sufrir a esta idea? ¿Acaso no sigue siendo divina la figura de Jesús, a pesar de todos los apóstoles, de todos los escolásticos, de todos los papas y de todos los sacerdotes? El mal es sólo la miseria del bien; y el error una caricatura de la verdad. La obra de los siglos sobre el cristianismo consiste en liberarlo cada vez más de sus formas, de sus símbolos, aislarlo de sus envolturas superpuestas, a descubrir cada vez mejor su luz suprimiendo poco a poco las pantallas coloreadas que nos las transmiten. Ser en un solo día lo que se debe ser equivaldría a la redención definitiva.”
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Cuanto más hayas recibido, más te será exigido. Éste es el pensamiento que deberá darte energía, inspirarte humildad y responsabilidad. Vivir con egoísmo es un crimen, sobre todo cuando se ha pronunciado con frecuencia el término vida divina, dedicación. La cobardía es un egoísmo.
COMBATIR, SÍ, EN ÚLTIMO EXTREMO, PERO SIEMPRE LLENO DE ESPÍRITU DE CARIDAD: HACER DEL LÁTIGO CARICIA, Y DE LA ESPADA UN FAVOR; PERSUADIR EN LUGAR DE DESTRUIR
¿No piensas que con ese método de resquebrajar las creencias de los demás, sin hacerles aceptar las tuyas, puedes causar más mal que bien? Respuesta: tu utilidad no está en el lado negativo. Busca el punto común de su fe con la tuya, ponte en su terreno, aprecia el lado bueno y aprovechable de su dogma, pero demuestra en qué y por dónde es incompleto, explica en qué es vicioso, y rectifica. Persuade en lugar de destruir. Las lluvias que fructifican son las ligeras y dulces; los torrentes asuelan, destruyen, y sólo dejan a su paso la desolación desértica.
La espada exterminadora con que deseabas armarte da muy malos resultados en manos del hombre, incluso con buenas intenciones, incluso contra el error o la perversidad. Se corre un gran riesgo de matar al enfermo, al extirpar violentamente la enfermedad; resulta parecido y peligroso como en el caso del cirujano (de almas), y cabe además el peligro de hacer despertar el orgullo y el despotismo. Le hace falta una gran pureza moral y un gran sentido para adivinar al prójimo. Lo más seguro, desde luego, es la caridad, la caridad que todo lo perdona porque todo lo comprende, que soporta, pone de relieve, ilumina, gana y mejora.
Combatir, sí, en último extremo, pero siempre lleno de espíritu de caridad; y agotar en el amor incluso la severidad, como hace el padre con el hijo; hacer del látigo caricia, y de la espada un favor, y pedir al ángel del castigo que vive en nosotros que nos corrija en primer lugar y nos bendiga; tomar como propio solamente las imperfecciones, e inclinarse ante Dios, que habla por nuestra conciencia, que se revela en nuestras palabras, que quiere obrar sobre el hombre por medio del hombre, a fin de humanizar sus actos, para ennoblecer a sus hijos y dejarles su gloria, pues el amor consiste en olvidarse, y Dios, supremo amor, se olvida por encima de todo. ¿No es este el verdadero culto, la verdadera manera de predicar a Dios y de combatir el mal? ¿No es la de Jesús? Solamente habló con vehemencia contra la hipocresía, y su método religioso fue siempre la mansedumbre infinita, la piedad profunda, el amor y el perdón. ¿Y no ha hecho más su dulzura que cualquier otra fuerza, y su paciencia más que lo violento, y su sufrimiento más que toda salud, y su muerte más que cualquier vida?
De esta manera, no te preocupes por el resultado; no pretendas medir con tu visión de hombre. Crea, o mejor, reconoce, ideas; haz buenas obras, deja fluir, como un manantial, el bien y la verdad que Dios ha puesto dentro de ti, y confía después, para el resultado, en la mano que guía el mundo; ella sabrá aprovechar tu obra en sus infinitas tramas. Ganar un alma es la buena obra por excelencia. ¿No resulta claro , a pesar de la alteración embrutecedora, de la petrificación que las sectas y las doctrinas han hecho sufrir a esta idea? ¿Acaso no sigue siendo divina la figura de Jesús, a pesar de todos los apóstoles, de todos los escolásticos, de todos los papas y de todos los sacerdotes? El mal es sólo la miseria del bien; y el error una caricatura de la verdad. La obra de los siglos sobre el cristianismo consiste en liberarlo cada vez más de sus formas, de sus símbolos, aislarlo de sus envolturas superpuestas, a descubrir cada vez mejor su luz suprimiendo poco a poco las pantallas coloreadas que nos las transmiten.
La religión de Jesucristo es aquella cuyo pontífice y cuyo Dios es el propio Jesucristo. Jesús es medio y es fin. Nos lleva a Dios, y Dios nos lleva a él. Es idea y vida. Todas nuestras confesiones son formas, maneras de concebir la existencia. Son piedras más o menos transparentes, pero coloreadas, que nos envían, alterándolo, individualizándolo, el fuego puro que suponen. ¿Y podemos estar seguros de que el propio Jesús haya consumido toda especialización, toda debilidad, en la llama redentora del santo amor? ¿Acaso no sufrió un desarrollo? ¿Es que extrajo el oro de la religión universal de la ganga judía? ¿Logró, incluso, en vida la perfección? ¿No es cierto que fue en la cruz donde conquistó la liberación suprema del pecado y del error, con su muerte, y se rescató a sí mismo, rescatándonos? Quizá Dios realizó todo en él, pues el hombre ideal es el hombre divino, o sea, Dios en el hombre.
Ser en un solo día lo que se debe ser equivaldría a la redención definitiva.
Sábado por la mañana, 17 de febrero de 1849.
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LA NUEVA RELIGIÓN ES TAN PROFUNDA, QUE TODAVÍA HOY NO LA COMPRENDEMOS BIEN, Y TAN ATREVIDA, QUE INCLUSO HOY RESULTARÍA BLASFEMA PARA LA MAYORÍA DE LOS CRISTIANOS
Lecturas: he releído y resumido todo el evangelio de san Juan. Me he convencido de Jesús no era trinitario; que hay que creer sólo en él, y descubrir la imagen verdadera del fundador tras todas las refracciones prismáticas a través de las cuales él llega a nosotros, y que lo alteran más o menos. Rayo luminoso y celeste caído en el medio humano, la palabra de Cristo se rompió en mil irisaciones y sufrió mil desviaciones. El trabajo histórico del cristianismo es, de siglo en siglo, sufrir una nueva metamorfosis, despojarse de una nueva cáscara, espiritualizar cada vez más su inteligencia de Cristo, su entendimiento de la salvación.
Me quedo estupefacto ante la increíble cantidad de judaísmo, de formalismo que subsiste aún, diecinueve siglos después de haber proclamado el redentor que era la letra lo que destruía, y que el simbolismo estaba muerto. La nueva religión es tan profunda, que todavía hoy no la comprendemos bien, y tan atrevida, que incluso hoy resultaría blasfema para la mayoría de los cristianos. El centro de esta revelación es la persona de Cristo; revelación, redención, vida eterna, divinidad, humanidad, propiciación, encarnación, juicio, Satán, cielo, infierno, todo esto se ha materializado, ha adquirido consistencia y ofrece la extraña ironía de tener un profundo sentido y ser interpretado carnalmente, especie de moneda falsa en sentido inverso, que vale más que su valor de cambio.
El atrevimiento y la libertad cristianas están por reconquistar; la herética es la iglesia, con su vista ya turbia y su timidez de espíritu. Quiérase o no, hay una doctrina esotérica; no se trata de un yugo, sino de una fuerza de las cosas. Hay una relación relativa: cada cual entra en Dios en la medida en que Dios entra en él, y como dice (creo que es Angelus), “el ojo por el que veo a Dios es el mismo por el que él me ve a mí”.
Si quiere triunfar sobre el panteísmo, el cristianismo tiene que absorberlo; Jesús podría ser tachado, para los pusilánimes de hoy, de un odioso panteísmo, pues ha confirmado aquella frase bíblica: “Vosotros sois dioses”, y también san Pablo, que nos dice que somos de la raza de Dios (Juan 11: 35; Hechos 17: 28), etc.
En nuestro siglo, es necesaria una nueva dogmática, es decir, una explicación más profunda de la naturaleza de Cristo, y de las luces proyectadas por ésta sobre el cielo y sobre la humanidad.
Lunes, 1 de octubre de 1849.
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HENRI-FREDERIC AMIEL, escritor y filósofo suizo (1821-1881). Diario íntimo, 1839-1850. Edaf, 1974. Traducción: Gonzalo Torrente Malvido.
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September 27th, 2009 @ 11:21 pm
Querido amigo: es así.
El camino será largo. Será duro. Quizás nosotros nos quedemos a la vuelta. Pero nuestros hijos alcanzarán la Luz.
En estos días, todo camina muy rápido. De la crisis saldrá el Caos. Y después renaceremos.
Muchas gracias. Un fuerte abrazo.
September 27th, 2009 @ 11:34 pm
Si rezase, mi única plegaria sería:
Oh, Señor!, haz que haga siempre lo que deba hacer; y llévate mis miedos.
September 28th, 2009 @ 8:18 pm
Estimado amigo:
En la terminología médica, la palabra crisis puede significar dos cosas: el punto de efervescencia de una enfermedad, su acmé, o su resolución rápida e imprevista. A su recuperación lenta se le llama lisis.
Tengo la impresión de que la crisis económica actual es la culminación del caos económico que la ha precedido, sólo que, como en el caso de un volcán antes de su erupción, ninguno de los inútiles que nos gobiernan ha sabido preverlo.
Creo, por otro lado, que únicamente el espíritu universal, uno de cuyas expresiones es el espíritu humano, puede engendrar orden del caos, dar forma a una energía que se disipa en las actividades triviales de una sociedad vulgar y decadente.
Por lo tanto, y perdóname que te lleve la contraria, no atisbo un renacimiento por ningún lado, porque la espiritualidad no tiene nada que ver con esta crisis, que es la del dinero; y mientras la economía no se ponga al servicio de la felicidad humana, como todas las demás ciencias, me temo que lo que renacerá de sus cenizas será de nuevo el caos.
Pero, ojalá que tú tengas razón, y que yo me equivoque.
Un abrazo.
September 28th, 2009 @ 11:52 pm
Querido Jesús N., creo que la crisis es de valores: espiritual. La economía no existe. Es mentira. Artificial. Un simulacro de teoría del materialismo.
Y esa espiritualidad de la que hablas, está en el Ser Humano. Cuando -como ahora- ese materialismo desbocado nos atropelle y nos haga caer del engaño, hiriéndonos en lo más profundo de nuestra verdad escondida (perdona la expresión, pero yo lo llamo “la gran Hostia que espabila”), despertaremos. Recuperaremos nuestro Ser espiritual.
Creo que la situación actual (global) no se puede reconducir a un punto en que los daños sociales sean bajos. Nos lo hemos buscado.
Pero SÉ que despues de ese Caos, amanecerá un Ser Humano más pleno y espiritual.
Por el momento, me contento con seguir recuperando, cada día, mi espiritualidad. Y con trasmitirla a quienes estén en disposición de “ver” lo trascendente, primero en ellos mismos; después, en todo.
No es posible -al menos eso creo- hacer mucho más que eso, … y esperar.
Bueno, algo sí (yo ya lo he hecho): abandonar la Ciudad. Aprender a conseguir alimentos y agua sin ir al “super”. La naturaleza está dispuesta a acogernos.
Un fuerte abrazo.
Jesús Díaz Formoso
September 29th, 2009 @ 12:41 am
Jesús, estudié Económicas durante tres años. Hasta que resultó incontrovertible -para mí- que desagregando variables, consigues una preciosa ecuación, … de la nada. Que define algo inexistente e impracticable.
Una ecuación que no significa nada, salvo la manera de justificar cualquier decisión que desgarre nuestras vidas, en términos pretendidamente “matemático-filosóficos”, absolutamente opacos para el común de los mortales (y también para la mayor parte de los proclamados Economistas -si para el resto no es opaco, es porque saben a dónde se dirigen con sus engaños despiadados).
La crisis no es económica. Esa es la excusa. Y el medio: nos han llevado a la infamia general. Somos ESCLAVOS de las cosas. Si, de las COSAS.
No nos gobiernan, NOS EXTORSIONAN. Nos AMENAZAN con quitarnos las cosas que amamos más que a nosotros mismos. ¿Cuanta gente que conoces cambiaría de buen grado uno de sus brazos por un gran montón de dinero?
Y para ello, han inducido la inseguridad y el TEMOR en nuestras vidas. Nos han separado de la naturaleza. Nos han enfrentado entre nosotros. Nada importa. La codicia humana no tiene límites.
Pero, aun en el Hombre más codicioso y vil, se esconde una chispa de divinidad. Y la Luz SIEMPRE vence a la oscuridad. Solo hay que avivar la llama.
September 29th, 2009 @ 2:27 am
Es la eterna lucha de “lo MATERIAL” contra “lo ESPIRITUAL”.
Es la vida dedicada a saciar deseos, en una espiral de insatisfacción sin fin, frente a las demandas del Espíritu.
Es el sentirse distinto, siendo igual.
Es el Espíritu el que tendrá que vencer al Ego. La razón a la fuerza. Lo trascendente a lo contingente.
Y lo hará, por que es contagioso.
Y la Luz siempre aparece cuando más la necesitas. Cuando has perdido el goce de lo material. Es entonces cuando, tras la desgracia, puedes escoger entre desfallecer o renacer. Eso es Crisis: oportunidad o tragedia; es nuestra decisión.
October 6th, 2009 @ 8:40 am
Lo material y lo espiritual no deberían estar en lucha, es imposible, ya que forman parte de lo que Es. Simplemente son diferentes grados de manifestación del Ser, del Todo. Si la esencia es el espíritu, su manifestación más densa es la materia.
Por ponerle un ejemplo, ¿cuando contempla un árbol, un río , el mar o un amanecer no ve en ellos sino una manifestación material del espíritu divino?.
Confundimos la materia con el adueñarnos de toda la creación manifiesta. De ahí nuestro sufrimiento y el que infringimos a nuestros semejantes y a la misma madre Naturaleza. De ahí nuestra sociedad competitiva, materialista y sin alma.
Te dicen de joven algo así : “Si eres espiritual renunciarás a todo, te irás a ayunar y rezar a lo alto de un monte con un taparrabos y si eres materialista te harás empresario y explotarás a tus semejantes para hacerte muy , muy rico”. ¡Cuanta estupidez!. Todo esto no son más que extremismos inútiles, falsos y alejados de cualquier atisbo de cordura y realidad. ¿No sería más fácil decir respeta tu cuerpo y tu alma, haz lo que tu corazón , tu mente y tu espíritu deseen realizar, busca tus sueños, pero siempre que te respetes y respetes a todo y todos los que te rodean?. Quiero decir que se puede ser empresario, minero, abogado, médico , profesor, pescador, agricultor.. o lo que sea, siempre que la honestidad sea nuestra guía y el respeto por nuestros semejantes y la Naturaleza sean nuestra bandera.
Se puede ser material y espiritual porque somos espíritus materializados , todo lo que existe en lo sutil es espíritu y en lo denso es materia. Para movernos y crear en esta tercera dimensión nuestro espíritu necesita materializarse.
El error es creer que nuestro objetivo es adueñarnos de todo lo que existe. Esa es la mala educación a la que hemos estado sometidos y la que nos lleva por este camino de perdición.
Cuando investigamos en nosotros mismos, podemos quitarnos capa tras capa hasta llegar a la Esencia. De lo denso a lo sutil. De la materia al espíritu. Sin despreciar nada, todo forma parte del Ser. Nuestra maestra: la Naturaleza.
Me enrollé demasiado, pido disculpas.
Un cordial saludo.