Filosofía Digital

"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

CIENCIA Y VIDA, por Jesús Nava

Archivado en: -LA SAGRADA BATALLA — February 15, 2009 @ 11:00 am

“Cualquiera puede ver ya que yo quiero dirigir todas las ciencias a un solo fin y objetivo, a saber, a conseguir la suprema perfección humana. De ahí que aquello que, en las ciencias, no nos hace avanzar hacia nuestro fin, habrá que rechazarlo como inútil; en una palabra, todas nuestras obras y pensamientos deben ser dirigidos a este fin.” SPINOZA.

* * * * * * 

Hace tres años, tuve el privilegio de participar, en calidad de profesor de Medicina y Psicología aeronáuticas, en un acto organizado por la Universidad de La Coruña para celebrar el centenario del primer aeroplano, construido por los mecánicos y aviadores estadounidenses Wilbur y Orville Wright con un motor, dos hélices, seda, madera y cañas de bambú. Uno de los dos astronautas de la NASA, que estaban presentes, hizo una excelente exposición audiovisual e histórica del progreso incesante de la ciencia aeroespacial desde sus orígenes.

EL PELIGRO DE LA INTELIGENCIA AUTÓNOMA 

Cuando le tocó hacer una breve membranza de Wernher von Braun, el físico alemán que desde los dieciocho años colaboró con la Sociedad Alemana para los Viajes Espaciales, el astronauta norteamericano se detuvo a señalar las víctimas y los daños producidos entre los aliados por su misil balístico A-4, que en 1.944 se utilizó para bombardear Gran Bretaña. Sin inmutarse, prosiguió señalando los éxitos posteriores del genial físico alemán, una vez finalizada la segunda guerra mundial, pero esta vez al servicio del gobierno de los Estados Unidos.

Buzz Aldrin (Apolo XI) en el Mar de la Tranquilidad. La ciencia aeroespacial, ¿un gran paso para la humanidad?

Me correspondía hablar del factor humano en la aviación y la ciencia aeroespacial, así que el astronauta me lo puso en bandeja. Improvisé un discursillo de unos veinte minutos sobre el peligro que suponen para la humanidad la ciencia y la técnica al servicio de la política de los gobiernos, sean o no democráticos, y lo peligrosos que resultan los científicos -a más inteligencia, mayor peligro- cuando en sus investigaciones no están guiados por una ética humanitaria.

Spinoza lo tenía muy claro. Quería dirigir todas las ciencias a un solo fin y objetivo: conseguir la suprema perfección humana, que, para quienes no conocen su filosofía, consiste esencialmente en que el hombre sea supremamente libre y feliz. Tal vez alguien alegue que no tiene mérito que él pensara así, pues logró alcanzar, en el breve espacio de una vida que se apagó a los cuarenta y cuatro años, la cumbre de la sabiduría.

Pero se equivocan cuantos se escudan en la sublime perfección alcanzada por unas pocas luminarias para justificar su propia mediocridad moral. Spinoza no tenía ese objetivo ético para sí y el resto de la humanidad por ser sabio -pues no lo era aún cuando decidió abandonar un negocio seguro para consagrarse en cuerpo y alma al “nuevo negocio” de alcanzar la verdad-, sino por ser un hombre bueno y un buen ciudadano.

CIENCIA, SABIDURÍA Y AMOR

El sabio bondadoso no es bueno por ser sabio, sino que es sabio por ser bueno. Quienes creen que a golpe de intelecto y de razonamientos pueden conquistar la excelencia moral se equivocan por completo. En las muchas letras está la locura, y el mucho estudio es fatiga de la carne. El racionalismo utilitario, y la lógica fría e inhumana de los eruditos y profesionales del pensamiento, es una plaga para la humanidad y una maldición hasta para ellos mismos.

Porque la raza de los intelectuales, como diría Jean Cau, secretario personal de Sartre, es una mala raza. No son buenos, pues piensan para poder, no para saber. Los intelectuales y teóricos conciben sus abstracciones con la imaginación, y describen un mundo a base de fórmulas y ecuaciones, sin sentido ni emoción; en cambio, los sabios entienden con el corazón y están en el secreto del amor que sabe ver.

El conocimiento ordinario es una de las infinitas formas que adopta la ambición; la sabiduría, en cambio, es el único modo en que se manifiesta el amor. Hoy por hoy la ciencia está al servicio del éxito profesional y el reconocimiento público; la sabiduría siempre ha estado y estará al servicio de la felicidad humana; sólo su inspiración bondadosa puede conseguir que el conocimiento, en sus múltiples facetas, esté dirigido al bienestar general.

Todas las ciencias al servicio del hombre y su felicidad: magnífico proyecto. Esto incluye, naturalmente, la física, la biología, la medicina, el derecho, la técnica, la economía, la política, la educación… Es más: todas nuestras obras y pensamientos deben ser dirigidos a este fin. “De ahí que aquello que, en las ciencias, no nos hace avanzar hacia nuestro fin, habrá que rechazarlo como inútil”.

EL CRITERIO ÉTICO POR EXCELENCIA

He aquí el criterio ético por excelencia que debería reinar en el mundo del conocimiento práctico. ¿Piensan así, acaso, los cientificistas, los tecnócratas, los economicistas, los politicistas, los estatalistas, los racionalistas o los intelectualistas? La intención y objetivo que se persigue en verdad es manifiesto en la acción: por sus obras se conoce al hombre.

Hoy todos declaran amar al prójimo, pero, en palabras de Camus, de la misma manera que amamos un filete de ternera poco hecho. El lobo se relame a la vista de su presa y la ama, faltaría más, a su manera.

En el mito bíblico del Edén, había dos árboles: el de la ciencia y el de la vida. El primero otorgaba, al que comiera de él, el conocimiento del bien y del mal: un conocimiento inadecuado, más imaginario que real. El segundo, concedía la inmortalidad. La sabiduría es el verdadero árbol de la vida, y la vida, tal como decía Einstein, es eterna.

Sabiduría y eternidad, verdad y vida son las dos caras conocidas de la única realidad; el amor es el vínculo que las mantiene unidas y las funde, sin confundirlas, en un abrazo infinito. Porque, como dijo Feuerbach, donde no hay amor, no hay tampoco verdad. Ni, desde luego, verdadera vida.

FD, 03/09/2006

“Vamos a dar la sagrada batalla. Para nosotros la batalla es la discusión filosófica.” ALFRED DE VIGNY

Sin comentarios »

Sin comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Deje su comentario.

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

(required)

(required)