EL CIELO EN LA INTELIGENCIA, por varios autores
“No hay sistema filosófico que haya dado origen a tantas y tan diversas apreciaciones como el sistema de Espinosa. Ha sido considerado como ateo, como materialista y como irreligioso. No ha habido ultraje que no se haya prodigado a su autor. Los teólogos de todos los cultos y de todas las sectas, y hasta los filósofos, se han unido para calumniar a un hombre cuya conducta fue siempre noble y pura, cuyos pensamientos y sentimientos fueron constantemente dirigidos hacia Dios, y cuya vida entera fue un modelo de resignación y desinterés. Y es que, de todos los filósofos modernos, la palma de la mala prensa civil y eclesiástica se la lleva Espinosa. Sólo comparable, y comparada, a la de Epicuro. Cada uno a su manera, superaron el miedo. Espinosa se propuso superar, además, el terror religioso/terror político, así que de jardincitos nada.”
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LEIBNIZ Y SPINOZA O LA COBARDÍA Y EL VALOR
“Gottfriedd W. Leibniz (1646-1716), ilustre filósofo y científico alemán, residirá en París, como enviado diplomático, entre 1672 y 1676.
Sus relaciones con Spinoza son las de un espíritu tan cobarde como curioso. Cuando ya sabe quién era el “insolente” autor del “horrible” e “insoportable” Tratado Teológico-político, escribe a su autor preguntándole sobre óptica (carta 45); cuando no logra que éste le confíe el manuscrito de la Ética (carta 72), va a visitarle personalmente (noviembre de 1676); al tiempo que ansía con avidez comprar sus escritos inéditos, se disgusta de que su nombre aparezca en estas cartas, e intenta ocultar que le había visitado”.
“Leibniz escribe, en 1671, a Spinoza para pedirle, a él y a Hudde, su opinión sobre un librito de óptica que adjunta a su carta (carta 45). Este le contesta un mes después, exponiéndole su opinión y sus objeciones (carta 46).
Ambas cartas son corteses, pero la de Spinoza es, sin duda, más sincera. En efecto, Leibniz le adula, diciéndole que es famoso en óptica y otras materias; le trata de médico (naturalista) muy célebre y silencia, en cambio, el Tratado Teológico-político, del que tenía buena noticia. Se diría que intenta conectar con el filósofo, al que simula desconocer, a través del óptico. Por el contrario Spinoza contesta con franqueza y sin remilgos al “Consejero de Maguncia”, le ofrece dicho Tratado y se despide de su “devoto admirador” con un sencillo “de usted adictísimo”.
ATILANO DOMÍNGUEZ, Correspondencia de Spinoza, nota 287 y prólogo.
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LEIBNIZ, PIERDE; SPINOZA, GANA
“A pesar de la soberana indiferencia de la Ética hacia nuestras pequeñas necesidades humanas, hacia nuestras finalidades subjetivas… el espinosismo nunca ha dejado de ejercer atracción y de otorgar fortaleza, y sigue siendo un hogar al que los hombres han venido, vienen y vendrán en busca del rudo aliento de un pensamiento honrado (¡honrado si los ha habido!), perfectamente sereno y apaciguador. Pero ¿quién se dirigiría para ello al “Discurso de metafísica” o a la “Teodicea”?
Leibniz, que podía jugar en todos los tableros… ha perdido; Spinoza, rehusando jugar, ha ganado”.
G. FRIEDMANN, citado por Vidal Peña, Introducción a la Ética, 1980, Editora Nacional.
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EPICURO Y SPINOZA QUITAN EL MIEDO
“Todavía en 1875, decía el krausista Thiberghien, en un texto que leyeron en España los hombres y mujeres de la Institución Libre de Enseñanza, que:
“No hay sistema filosófico que haya dado origen a tantas y tan diversas apreciaciones como el sistema de Espinosa. Ha sido considerado como ateo, como materialista y como irreligioso. No ha habido ultraje que no se haya prodigado a su autor. Los teólogos de todos los cultos y de todas las sectas, y hasta los filósofos, se han unido para calumniar a un hombre cuya conducta fue siempre noble y pura, cuyos pensamientos y sentimientos fueron constantemente dirigidos hacia Dios, y cuya vida entera fue un modelo de resignación y desinterés. En nuestros días se ha vuelto, por punto general, a esa manía de denigrar y desacreditar”.
Y es que, de todos los filósofos modernos, la palma de la mala prensa civil y eclesiástica se la lleva Espinosa. Sólo comparable, y comparada, a la de Epicuro. Cada uno a su manera, superaron el miedo. Espinosa se propuso superar, además, el terror religioso/terror político, así que de jardincitos nada.
Desde el punto de vista de las dificultades de ciertos modos de comprensión, es decir, de incomprensión, es inevitable la calumnia de Epicuro y Espinosa; como es inevitable que estos no pagaran con la misma moneda, habiendo llegado a la otra orilla, ya.
“Por extraño que pueda parecer a quienes han oído decir, con horror o envidia, que se revolcaba en su pocilga, Epicuro era un santo”, dice Santayana. Lo mismo veía fundamentalmente, en Espinosa, Lessing: la honradez. Bertrand Russell se conmueve ante Espinosa como ante Plotino: imposible no querer a estas criaturas, todo luz y renunciación suprema. ¿No serán los santos de algún antiguo testamento en el que, ahora, estaremos?”.
EL CIELO EN LA INTELIGENCIA
LESSING.- ¿Cuáles son, pues, según usted, las ideas antípodas del espinosismo? ¿Cree usted que los principios de Leibniz acaban con él?
JACOBI.- No conozco otro sistema que esté tan de acuerdo con el espinosismo como Leibniz /…/ Aunque, ¡seamos honestos! Mendelssohn ha mostrado claramente que la armonía preestablecida se encuentra en Espinosa /…/ En el fondo tienen también ambos la misma doctrina sobre la libertad…
LESSING.- No lo dejo a usted en paz. Tiene que publicar ese paralelismo, pues las gentes aún siguen hablando de Espinosa como de un perro muerto.
JACOBI.- Seguirán hablando igual antes que después /…/ Semejante tranquilidad de espíritu, ese cielo en la inteligencia que se había hecho la clara cabeza pura de Espinosa, lo han podido probar pocos.
LESSING.- ¡Y no es usted espinosiano, Jacobi!
JACOBI.- No, honradamente.
LESSING.- Honradamente, lo que tiene que hacer usted es volver la espalda a todas las filosofías, por la suya”.
AGUSTÍN ANDREU, Introducción y Conversaciones de Jacobi con Lessing. Escritos filosóficos y teológicos de G. E. Lessing, 1982, Editora Nacional. [FD, 06/09/2006]
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September 7th, 2006 @ 9:57 pm
Cuando me referí a la cobardía filosófica y moral de Leibniz y Hume en mi artículo LA HIPÓTESIS MONSTRUOSA, de la sección “Falacias, sofismas y soflamas”, un leibniziano me puso a caldo. Nada grave, desde luego. Las palabras no hieren si uno no se deja afectar por ellas.
Por ese motivo, para demostrar que no estaba solo en esta apreciación mía, recopilé los fragmentos que componen este post. Me declaro amigo de Spinoza, pero más amigo de la verdad. La única autoridad que admito como guía de mis opiniones y de mis acciones es el entendimiento, que no es propìedad de nadie en particular, pero reside en todas las mentes que lo consultan y lo escuchan.
Y ese entendimiento me dice que nadie llegó tan lejos en el conocimiento de la verdadera filosofía como Spinoza. A su lado todos, incluso los tenidos por más grandes, me parecen simples aprendices. Tal vez porque como dijo Deleuze, Spinoza es el Cristo de los filósofos y todos los demás son sus precursores o apóstoles.
No digo estas cosas por pasión de amigo o de discípulo, sino porque es de justicia proclamarlo.
September 5th, 2007 @ 5:31 pm
[...] inmensamente al de todas las cosas útiles. Su sola presencia ilumina la mente y aclara las cosas. Es como la inspiración: pura inteligencia. No hace nada concreto, pero nos ayuda a hacer bien cualquier cosa. Tampoco disuelve mágicamente [...]
September 6th, 2007 @ 2:23 am
[...] Ni siquiera a los que me insulten. En la sección “Antología de la claridad”, he colocado un post sobre Leibniz y Spinoza, en tu honor. Repara, por favor, que no juzgo el talento filosófico o [...]
July 13th, 2008 @ 1:26 pm
[...] teniendo en cuenta que se definía como un escéptico radical, a “justificar” la difamación universal de que el autor holandés ha sido siempre objeto, injustamente, por sus ideas [...]
February 23rd, 2010 @ 2:39 am
[...] público a Spinoza, y mucho menos asumieron el papel de discípulos o continuadores. Ni siquiera Leibniz lo hizo, aunque leyó todos los escritos de Spinoza antes de que se publicaran y es posible que [...]