EL GOBIERNO REPRESENTATIVO ES LA LIBERTAD, por Thomas Paine
“Debido a la ausencia de una Constitución en Inglaterra que modere y regule el impulso salvaje del poder, muchas de las leyes son irracionales y tiránicas, y su administración es vaga y problemática. Se descuidan las cuestiones nacionales, y por lo que respecta al derecho normal, apenas si existe tal cosa. Hoy día, los gobiernos actúan como si temieran despertar una sola reflexión en el hombre. Llevan a éste blandamente al sepulcro de los precedentes con objeto de embotar sus facultades y apartar su atención del escenario de las revoluciones. ¿Por qué se ha de pagar de forma extravagante a hombres que tienen tan poco que hacer? Si todo lo que puede suceder tiene ya un precedente, ha terminado la legislación. El gobierno no es más que una asociación nacional, y el objetivo de esa asociación es el bien de todos, tanto individual como colectivamente. Todo hombre desea dedicarse a su ocupación y gozar de los frutos de su trabajo y de su propiedad en paz y seguridad, y con el menor gasto posible. Cuando se logran esas cosas, se logran todos los objetivos para los que se debe establecer un gobierno. Pero cualquiera que sea la forma en que se ordenen las distintas partes de una constitución, existe un principio general que distingue a la libertad de la esclavitud, y es que todo gobierno hereditario sobre un pueblo es para éste una forma de esclavitud, y el gobierno representativo es la libertad.”
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Debido a la ausencia de una Constitución en Inglaterra que modere y regule el impulso salvaje del poder, muchas de las leyes son irracionales y tiránicas, y su administración es vaga y problemática.
Parece que la atención del gobierno de Inglaterra (pues prefiero darle ese nombre que el de gobierno inglés), desde su vinculación política con Alemania, ha estado tan completamente centrada y absorbida por los asuntos exteriores y por los medios de recaudar contribuciones que no parece existir para ningún otro propósito. Se descuidan las cuestiones nacionales, y por lo que respecta al derecho normal, apenas si existe tal cosa.
HOY DÍA, LOS GOBIERNOS ACTÚAN COMO SI TEMIERAN DESPERTAR UNA SOLA REFLEXIÓN EN EL HOMBRE; SU OBJETIVO ES EMBOTAR SUS FACULTADES Y APARTAR SU ATENCIÓN DEL ESCENARIO DE LAS REVOLUCIONES
Hoy día, casi todos los casos han de fallarse conforme a algún precedente, tanto si este precedente es bueno como si es malo, o si es correcto aplicarlo como si no, y la práctica se ha generalizado tanto como para inspirar sospechas de que obedece a una política más profunda de lo que aparece a primera vista.
Desde la revolución de América, y más aún desde la de Francia, esta prédica de las doctrinas de los precedentes, extraída de tiempos y circunstancias anteriores a esos acontecimientos, ha sido la práctica estudiada del gobierno inglés. La mayor parte de esos precedentes se funda en principios y opiniones que son lo contrario de lo que deberían ser, y cuanto mayor sea la distancia en el tiempo de la que se extraen, más se debe sospechar de ellos. Pero, al relacionar esos precedentes con una reverencia supersticiosa por las cosas antiguas, al igual que los monjes muestran reliquias y las califican de sagradas, la mayor parte de la humanidad se ve engañada y cae en la trampa.
Hoy día, los gobiernos actúan como si temieran despertar una sola reflexión en el hombre. Llevan a éste blandamente al sepulcro de los precedentes con objeto de embotar sus facultades y apartar su atención del escenario de las revoluciones. Creen que está adquiriendo conocimientos con más rapidez de lo que ellos desean, y su política de los precedentes es el barómetro de sus temores. El papado político, al igual que el papado eclesiástico antiguo, ya está pasado, y está acelerando su propio mutis. La astrosa reliquia y el precedente anticuado, el monje y el monarca, se pudrirán juntos.
El gobierno por precedentes, sin consideración alguna del principio del precedente, es uno de los sistemas más viles que puedan establecerse. En muchos casos, el precedente debería funcionar como advertencia, y no como ejemplo, y debe evitarse, en lugar de imitarse, pero en lugar de esto, se toman los precedentes en bloque y se hacen pasar de golpe por constitución y por ley.
O bien la doctrina de los precedentes es una política para mantener al hombre en un estado de ignorancia, o bien es una confesión práctica de que la sabiduría degenera en los gobiernos a medida que los gobiernos van haciéndose viejos, y no pueden sino renquear son ayuda de los bastones y las muletas de los precedentes. ¿Cómo es que las mismas personas que estarían orgullosas de que se las considere más sabias que sus predecesores no aparecen al mismo tiempo sino como los fantasmas de una sabiduría desaparecida? ¡De qué forma tan extraña se trata a la antigüedad! Para unos fines se habla de ella como un tiempo de tinieblas y de ignorancia, y para otros se la pone como faro del mundo.
Si ha de seguirse la doctrina de los precedentes, no es necesario que los gastos de gobierno sigan siendo los mismos. ¿Por qué se ha de pagar de forma extravagante a hombres que tienen tan poco que hacer? Si todo lo que puede suceder tiene ya un precedente, ha terminado la legislación, y el precedente, al igual que un diccionario, es el que determina cada caso. Por ende, o bien el gobierno ha llegado a su senectud, y es preciso renovarlo, o bien ya se han dado todas las ocasiones para que ejercite su sabiduría.
Hoy día advertimos en toda Europa, y particularmente en Inglaterra, el curioso fenómeno de una nación que mira en una dirección y el gobierno en la opuesta: una hacia adelante y el otro hacia atrás. Si los gobiernos van a continuar conforme al precedente, mientras las naciones continúan mejorando, habrán de llegar por último a una separación definitiva, y cuanto antes, y de forma más civilizada, determinen este aspecto, mejor.
En Inglaterra, las mejoras en la agricultura, las artes aplicadas, las manufacturas y el comercio, se han introducido en oposición al genio de su gobierno, que es el de seguir los precedentes. Es gracias a la empresa y la industria de los individuos, y por sus múltiples asociaciones, en las que, por hablar claramente, el gobierno ni pincha ni corta, como se han introducido esas mejoras. A nadie se le ocurrió pensar en el gobierno, ni quién estaba en él o fuera de él, cuando las planeaba o ejecutaba, y lo único que cada uno podía esperar, por lo que respecta al gobierno, era que lo dejara en paz. Hay tres o cuatro periódicos ministeriales muy necios que ofenden constantemente el espíritu de mejora nacional al atribuir esas mejoras a un ministro. Igual de veraz sería que atribuyeran este libro a un ministro. (Nota del autor.)
EL GOBIERNO NO ES MÁS QUE UNA ASOCIACIÓN NACIONAL, Y EL OBJETIVO DE ESA ASOCIACIÓN ES EL BIEN DE TODOS, TANTO INDIVIDUAL COMO COLECTIVAMENTE
Tras hablar así de las constituciones en general, como cosa distinta de los gobiernos efectivos, pasemos a considerar las partes de que se compone una constitución.
Las opiniones difieren más a este respecto que en en relación con el todo. El que una nación deba tener una constitución, como norma, para el funcionamiento de su gobierno es una cuestión sencilla en la cual todos los hombres que no sean cortesanos ellos mismos estarán de acuerdo. Es únicamente acerca de las partes componentes en lo que se multiplican las cuestiones y las opiniones.
Pero esta dificultad, al igual que cualquier otra, disminuirá cuando se la ponga en condiciones de que se la comprenda bien.
Lo primero es que una nación tiene derecho de establecer una constitución. El que al principio ejercite ese derecho de la manera más juiciosa o no, es algo completamente distinto. Lo ejercita conforme al juicio que posee, y al seguir haciéndolo acabará por eliminar todos los errores. Cuando se establece ese derecho en una nación, no hay temor de que se emplee en su propio perjuicio. A una nación no le puede interesar equivocarse.
Aunque todas las constituciones de América se basan en un principio general, sin embargo, no hay dos de ellas que sean exactamente iguales en las partes que las componen ni en la distribución de poderes que dan a los gobiernos existentes. Algunas son más complejas y otras menos.
Al formar una constitución, lo primero que se necesita es estudiar cuáles son los fines para los que es necesario el gobierno. En segundo lugar, cuáles son los medios mejores, y menos caros, para alcanzar esos fines.
El gobierno no es más que una asociación nacional, y el objetivo de esa asociación es el bien de todos, tanto individual como colectivamente. Todo hombre desea dedicarse a su ocupación y gozar de los frutos de su trabajo y de su propiedad en paz y seguridad, y con el menor gasto posible. Cuando se logran esas cosas, se logran todos los objetivos para los que se debe establecer un gobierno.
Ha sido normal considerar el gobierno bajo tres epígrafes generales diferentes. El legislativo, el ejecutivo y el judicial. Pero si permitimos que nuestro juicio actúe sin dejarse aherrojar por el hábito de la multiplicación de los términos, no podemos percibir sino dos divisiones del poder, que juntas componen el poder civil, es decir, la de legislar o promulgar leyes y la de ejecutarlas o administrarlas. Por lo tanto, todo lo relativo al gobierno civil se clasifica en una u otra de estas dos divisiones.
LA HUMANIDAD, DEBIDO A LA TIRANÍA DEL PODER, HA TENIDO POCAS OPORTUNIDADES DE PROBAR SISTEMAS DE GOBIERNO HASTA DAR CON EL MEJOR, Y AÚN FALTA EXPERIENCIA PARA DETERMINAR MUCHOS ASPECTOS
Por lo que respecta a la ejecución de las leyes, lo que se califica de poder judicial es estricta y correctamente el poder ejecutivo de cada país. Es el poder al que ha de recurrir cada individuo y gracias al cual se ejecutan las leyes; tampoco disponemos de ninguna otra idea clara con respecto a la ejecución oficial de las leyes. En Inglaterra, y también en América y Francia, este poder empieza con el juez y va ascendiendo por todos los tribunales de justicia.
Dejo a los cortesanos la tarea de explicar lo que significa el calificar a la monarquía de poder ejecutivo. Es meramente un nombre en el cual se realizan los actos del gobierno, y para ese fin bastaría con cualquier otro, o con ninguno. Las leyes no tienen más ni menos autoridad por ese concepto. Debe ser por lo justo de sus principios, y por el interés que una nación siente en ellos, por lo que obtengan apoyo; si les hace falta algo más, ello es signo de que hay algo en el sistema de gobierno que es imperfecto. Las leyes que es difícil ejecutar no puede ser generalmente buenas.
En lo que respecta a la organización del poder legislativo, se han adoptado diferentes modos según los países. En América está integrado generalmente por dos cámaras. En Francia no tiene más que una, pero en ambos países es totalmente representativo.
La cuestión es que la humanidad (debido a la larga tiranía del poder arrogado) ha tenido tan pocas oportunidades de hacer las pruebas necesarias de modos y principios de gobierno para descubrir el mejor, que el gobierno no se está empezando a conocer hasta ahora, y todavía falta experiencia para determinar muchos aspectos.
Las objeciones en contra de dos cámaras son, en primer lugar, que existe una incoherencia en que una parte de un todo legislativo llegue a una decisión final por votación sobre cualquier asunto, mientras que ese asunto, con respecto a ese todo, está todavía sometido a deliberación, y en consecuencia es susceptible de nuevas ilustraciones.
En segundo lugar. Que al someter cada asunto a votación en ambas cámaras, como órganos separados, siempre admite la posibilidad, y así suele ocurrir en la práctica, de que la minoría gobierne a la mayoría, y en algunos casos hasta un grado de gran incoherencia.
En tercer lugar. Que el que dos cámaras se refrenen o controlen arbitrariamente la una a la otra es incoherente, pues no puede demostrarse conforme a los principios de la justa representación que la una deba ser más sabia o mejor que la otra. Pueden refrenar en lo malo igual que en lo bueno, y por ende, el conferir el poder cuando no podemos impartir la sabiduría para utilizarlo, ni estar seguros de que se vaya a utilizar correctamente, hace que el remedio se por lo menos igual de grave que la enfermedad.
EL GOBIERNO REPRESENTATIVO ES LA LIBERTAD; PERO EL ESTADO DE LA REPRESENTACIÓN EN INGLATERRA ES DEMASIADO ABSURDO PARA QUE QUEPA RAZONARLO; HACE FALTA UNA CONVENCIÓN GENERAL DE LA NACIÓN PARA ESTUDIAR TODO EL TEMA DE SU GOBIERNO
La objeción contra una sola cámara es que siempre existe la posibilidad de que se comprometa demasiado pronto. Pero al mismo tiempo debería recordarse que, cuando existe una constitución que define sus facultades y establece los principios conforme a los cuales debe actuar una asamblea legislativa, ya se establece un freno más efectivo, y mucho más potente, de lo que pueda ser cualquier otro. Por ejemplo:
Si se presentara ante cualquiera de las asambleas legislativas americanas un proyecto de ley como el que promulgó el Parlamento inglés al comienzo del reinado de Jorge I, en el sentido de prolongar la duración de las asambleas por un período más largo del que se reúnen actualmente, el freno está en la constitución, que de hecho dice: Hasta ahí se puede llegar, y ni un paso más.
Pero a fin de eliminar la objeción a una sola cámara, la de actuar por impulsos demasiado rápidos, y al mismo tiempo evitar las incoherencias, en algunos casos los absurdos, de la existencia de dos cámaras, se ha propuesto el siguiente método como perfeccionamiento de los dos.
Lo primero, no tener más que una representación. Lo segundo, dividir esa representación, por sorteo, en dos o tres partes. Lo tercero, que cada proyecto de ley que se proponga se debata en esas partes por sucesión, que cada una de ellas escuche a las otras, pero sin proceder a votación alguna. Después de lo cual toda la representación se reúna para un debate general y para determinar el asunto por votación.
A este perfeccionamiento propuesto se ha añadido otro, con objeto de mantener a la representación en un estado de renovación constante, y es que un tercio de los representantes de cada condado cese al terminar un año, y su número se reemplace mediante nuevas elecciones. Otro tercio al cabo del segundo año, al que se sustituye de igual modo, y cada tres años se celebran elecciones generales.
En cuanto al estado de la representación en Inglaterra, es demasiado absurdo para que quepa razonarlo. Casi todas las partes representadas tienen una población cada vez menor, y las partes no representadas, cada vez mayor. Hace falta una convención general de la nación para que estudie todo el tema de su gobierno. (Nota del autor.)
Pero cualquiera que sea la forma en que se ordenen las distintas partes de una constitución, existe un principio general que distingue a la libertad de la esclavitud, y es que todo gobierno hereditario sobre un pueblo es para éste una forma de esclavitud, y el gobierno representativo es la libertad.
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THOMAS PAINE, Derechos del hombre (Parte segunda). Capítulo IV: De las constituciones. Alianza Editorial, Madrid, 1984. Traducción: Fernando Santos Fontenla.
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July 1st, 2009 @ 3:52 am
Muy interesante y de actualidad nacional.
Y es que, en España, realmente, NO TENEMOS CONSTITUCIÓN.
Y es que, en último término, LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DICE … LO QUE EN CADA MOMENTO DIGA QUE DICE … EL Tribunal Constitucional.
Y el Tribunal Constitucional dice … LO QUE, EN CADA MOMENTO LE DICE QUE DIGA … EL BIPARTIDO ÚNICO.
July 1st, 2009 @ 3:59 am
Hay “Detalles” significativos.
Uno de ellos (que vemos constantemente en la MegaPublicidad que se hace ZP a nuestra costa -más bien a la nuestros hijos y nietos) es EL NOMBRE QUE SE DAN A SI MISMOS.
En nuestro caso, GOBIERNO DE ESPAÑA.
Fijaros, no Gobierno Español (ni Gobierno de los Españoles), sino GOBIERNO DE ESPAÑA.
Sí, sí, nos lo están diciendo -y constantemente: ellos no son “tú”, no son “nosotros”. ELLOS SON QUIENES NOS GOBIERNAN.
Por eso, al menos en mi opinión, Paine se niega a llamar “Gobierno Inglés” al Gobierno de Inglaterra.
Como el propio texto de Paine reza, “hoy día, los gobiernos actúan como si temieran despertar una sola reflexión en el hombre. Llevan a éste blandamente al sepulcro de los precedentes con objeto de embotar sus facultades y apartar su atención del escenario de las revoluciones. Creen que está adquiriendo conocimientos con más rapidez de lo que ellos desean, y su política de los precedentes es el barómetro de sus temores”.