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"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

UNA MAYORÍA HONRADA, LA ÚNICA ESPERANZA DE SALVACIÓN BAJO UN GOBIERNO CORROMPIDO, por Thomas Jefferson

Archivado en: -MUNDO LIBRE — September 25, 2009 @ 10:00 am

“Se ha creado artificialmente una deuda pública superior a la que podemos pagar antes de que se produzcan nuevas causas para incrementarla; esta acumulación de deuda nos ha privado para siempre del acceso a fuentes asequibles de ingresos que, aplicadas a las necesidades y exigencias ordinarias del gobierno, las habrían cubierto habitualmente y nos habrían puesto a salvo de las habituales murmuraciones contra los tributos y sus recaudadores. Todo el capital empleado en especular en papel es estéril e inútil, y es retirado del comercio y la agricultura, donde habría producido un beneficio a la masa común; alimenta en nuestros ciudadanos hábitos de vicio y ociosidad, en lugar de industria y moralidad; y ha constituido un medio eficaz para corromper a esa porción del legislativo que inclina la balanza entre los votantes honrados, sea cual sea su dirección. De todos los males, ninguno es tan lamentable y mortífero para toda esperanza honesta como la corrupción del Legislativo. Una vez distanciados de sus electores, que carecen de acceso a al información pública, y en particular a la de la conducta de sus propios representantes, éstos formarán el gobierno más corrupto de la tierra si no se les priva de los medios de corrupción. La única esperanza de salvación reside ahora en la numerosa representación que se espera para el partido republicano. No podrán deshacer todo lo que han hecho los legislativos precedentes. La palabra pública y el derecho lo impedirán. Pero algunas partes del sistema podrán modificarse con justicia, y podrá buscarse incansablemente una solución para las otras, en la medida en que el derecho lo permita, y en el futuro cerrar la puerta a análogos compromisos de la nación; ésta es, por consiguiente, la alternativa que probablemente produciría menos convulsiones.”

* * * * * *

He resuelto hacer objeto de una carta algo que desde hace algún tiempo constituye para mí motivo de inquietud, sin que hallara ocasión oportuna de descargarla sobre vos en el curso de alguna conversación durante vuestra atareada estancia en esta ciudad. Quizá podíais, además, dedicarle en vuestra presente situación, o en el curso de vuestro viaje, más reflexión y tiempo del que aquí en ningún momento dispusisteis.

LA DEUDA PÚBLICA LA PAGAN LOS CONTRIBUYENTES, Y SI NO SE USA PARA IMPULSAR LOS SECTORES PRODUCTIVOS, FOMENTA EN LOS CIUDADANOS HÁBITOS DE VICIO Y OCIOSIDAD Y CORROMPE A SUS REPRESENTANTES

Cuando por primera vez me hicisteis partícipe de vuestra intención de retiraros del gobierno, aunque, en buena medida, era consciente de la magnitud de la noticia, guardé silencio. Sabía que todo intento de persuadir a una mente como la vuestra era vano e impertinente; que antes de adoptar una decisión habíais ponderado los pros y contras de la medida, resolviendo a la luz de todos ellos, y que poca esperanza podía haber de modificar el resultado.

Llevando más lejos mis reflexiones, pensé además que algún día trataremos de caminar solos, y que si la tentativa tuviere lugar en vida vuestra y bajo vuestra mirada, derivaríamos de ello confianza, y recursos, de faltarnos ésta. Además, la mente pública estaba tranquila y confiada y, por consiguiente, en un estado favorable para hacer el experimento. De no haberse producido un cambio de circunstancias, no me habría aventurado ahora a proponeros, con alguna esperanza de éxito, que modifiquéis vuestro propósito. Pero la mente pública no está ya confiada y serena; y ello por razones en las que vos no estáis en absoluto involucrado personalmente. Aunque dichas razones se han vulgarizado detalladamente en los periódicos, quizá no esté de más, para calcular el efecto que podrían producir, considerarlas en su conjunto, dando a cada uno la forma, real o imaginaria, con la que ha sido presentada.

Se ha afirmado, en efecto, que, sumando el monto total de la parte deudora y la acreedora de las cuentas, en lugar de tomar únicamente su saldo, se ha creado artificialmente una deuda pública superior a la que podemos pagar antes de que se produzcan nuevas causas para incrementarla; que esta acumulación de deuda nos ha privado para siempre del acceso a fuentes asequibles de ingresos que, aplicadas a las necesidades y exigencias ordinarias del gobierno, las habrían cubierto habitualmente y nos habrían puesto a salvo de las habituales murmuraciones contra los tributos y sus recaudadores, reservando las peticiones extraordinarias para las ocasiones extraordinarias que animarían al público a satisfacerlas; que, pese a que las necesidades de dinero no han sido mayores de lo que en general podemos prever para iguales o equivalentes exigencias, nos vemos obligados a estirar el impuesto hasta que levanta clamores y origina evasión y guerra a nuestros propios ciudadanos para recaudarlo, e incluso a recurrir a un impuesto de comercio interior de carácter odioso para el pueblo, parcial en su aplicación, improductivo si no se hace cumplir por medios arbitrarios y vejatorios, y que compromete la autoridad del gobierno en  los lugares donde la resistencia es más probable y la coacción menos practicable. [...]

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2 comentarios »

  1. Jesús Nava:

    Salvando las distancias -y las circunstancias-, ¿no son aplicables, por intemporales, a la situación política actual de España, los consejos y reflexiones que Jefferson compartió con el presidente Washington en esta carta?

    “De todos los males que se atribuyen al sistema de medidas antes mencionado, ninguno es tan lamentable y mortífero para toda esperanza honesta como la corrupción del Legislativo. Una vez distanciados de sus electores, tan dispersos que carecen de acceso a la información pública, y en particular a la de la conducta de sus propios representantes, [éstos] formarán el gobierno más corrupto de la tierra si no se les priva de los medios de corrupción.

    La única esperanza de salvación reside ahora en la numerosa representación que advendrá el año próximo. Algunos de los nuevos miembros estarán probablemente, por principio o por interés, con la actual mayoría; pero se espera que la gran masa acceda al partido republicano. No podrán deshacer todo lo que han hecho los dos legislativos precedentes, especialmente el primero. La palabra pública y el derecho lo impedirán. Pero algunas partes del sistema podrán modificarse con justicia, y podrá buscarse incansablemente una solución para las otras en la medida en que el derecho lo permita, y en el futuro cerrar la puerta a análogos compromisos de la nación.

    De emprender tal curso el próximo Legislativo, se granjeará la enemistad de todos los intereses monárquicos y de los centrados en el papel; pero creo que estos últimos no seguirán a los primeros hasta el fin, porque los acreedores nunca perderán de vista enteramente, por su propia voluntad, a sus deudores; ésta es, por consiguiente, la alternativa que probablemente produciría menos convulsiones. Pero si la mayoría de los nuevos miembros compartiera los principios de los actuales, y demostrara que no podemos esperar sino la continuidad de las mismas prácticas, no es fácil conjeturar cuál sería el resultado, ni a qué medios habría que recurrir para corregir el mal.”

    Por mi parte, no albergo duda alguna de que, mientras un partido de patriotas y gente honrada, al margen de los corruptos partidos políticos que parasitan el sistema y a los contribuyentes, no accedan al legislativo para proponer, defender y debatir ante la opinión pública las reformas democráticas pertinentes en la Constitución del Estado, que, por supuesto, serían sometidas al juicio libre de todos los electores, no habrá esperanza alguna de salvación para España.

    Y si, como dice también Jefferson, unas eleccciones tras otras se “demostrara que no podemos esperar sino la continuidad de las mismas prácticas, no es fácil conjeturar cuál sería el resultado, ni a qué medios habría que recurrir para corregir el mal.

  2. Jesús Nava:

    Estimado Jesús Díaz:

    Respecto a los medios que se pueden usar para corregir la corrupción de un sistema político como el que gobierna en España, no he conseguido encontrar otro más apropiado, menos sujeto a convulsiones sociales indeseables, y que menos sacrificios personales impliquen para los ciudadanos valientes y patriotas, decididos a hacer algo por la regeneración de los asuntos públicos, que la solución propuesta por Jefferson en las carta que se cita, dirigida nada menos que al presidente Washington.

    Sigo pensando que, en España, donde para colmo de males es imposible acceder a la política individualmente, pues se impone el sistema de listas cerradas y bloqueadas, sólo un gran partido -no por el número de afiliados, ni de simpatizantes, sino por la grandeza de los principios que lo inspiran- tiene alguna posibilidad de corregir (si consiguiere la mayoría), o de influir en la corrección (aunque estuviere en franca minoría) de la corrupción del legislativo, el ejecutivo y el judicial.

    Si se demostrare que este camino es intransitable, no se me ocurre qué otra vía le quedaría a un pueblo que aspira a autogobernarse que esa que Jefferson no se atreve a mencionar aquí, pero que junto con Locke, Paine y otros patriotas defendió siempre: el derecho a la insurrección violenta. Aunque, cuando fundé la ALCD, preferí llamarlo desobediencia civil.

    Como puedes comprobar, ya pensaba así mucho antes de nuestro agradable debate acerca de los medios para lograr el fin que ambos perseguimos en política: la libertad de todos, es decir, el gobierno de la democracia.

    Un fuerte abrazo.

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