Filosofía Digital

"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

YO TRABAJO EN INTERÉS DE LA POSTERIDAD, por Lucio Anneo Séneca

Archivado en: -CONCIENCIA VIGILANTE — August 18, 2009 @ 12:54 pm

“Si me he refugiado en la reclusión y he cerrado las puertas, tal como de vez en cuando he predicado, sólo ha sido con el propósito de ser útil a muchos. No he pasado ocioso ningún día. Aprovecho buena parte de la noche en el estudio, ya que no me entrego al sueño, sino que éste me rinde, e insisto en el trabajo a pesar de la pesadez de mis ojos, de la fatiga de tan prolongada vigilia. Heme retirado no sólo de los hombres, sino también de las cosas: yo trabajo en interés de la posteridad. Es para ella para quien escribo algunas cosas que, repito, pueden ser provechosas: advertencias saludables, a manera de útiles recetas que dejo por escrito, recetas que he podido reconocer como altamente útiles en mis dolencias, las cuales, si no he podido curarlas por entero, he dejado ya de difundir. Señalo a los demás el recto camino que he venido a conocer tarde, fatigado ya de tantas rutas erradas. Diciendo estas cosas a mí mismo y a la posteridad, ¿no cabe, por ventura, decir que te soy más provechoso que si fuese al Foro a ejercer de abogado, o pusiese el sello sobre tablas testamentarias, o alquilase a un candidato la palabra o la acción dentro del Senado? Créeme: los que parece que no hacen nada, hacen cosas mayores que las de los demás, pues se ocupan a la vez en las cosas humanas y las divinas.”

* * * * * * 

“¿Por ventura”, dices, “me aconsejas que me aparte de la turba y que me satisfaga acudiendo sólo a mi conciencia? ¿Por dónde andan aquellos preceptos vuestros que prescriben morir sobre la tarea?”

Si me he refugiado en la reclusión y he cerrado las puertas, tal como de vez en cuando he predicado, sólo ha sido con el propósito de ser útil a muchos. No he pasado ocioso ningún día. Aprovecho buena parte de la noche en el estudio, ya que no me entrego al sueño, sino que éste me rinde, e insisto en el trabajo a pesar de la pesadez de mis ojos, de la fatiga de tan prolongada vigilia.

Lucio Anneo Séneca

Heme retirado no solo de los hombres, sino también de las cosas, y, en primer lugar, de las más: yo trabajo en interés de la posteridad. Es para ella para quien escribo algunas cosas que, repito, pueden ser provechosas: advertencias saludables, a manera de útiles recetas que dejo por escrito, recetas que he podido reconocer como altamente útiles en mis dolencias, las cuales, si no he podido curarlas por entero, he dejado ya de difundir.

Señalo a los demás el recto camino que he venido a conocer tarde, fatigado ya de tantas rutas erradas. Y digo en mi clamor:

Evitad todas aquellas cosas que placen al vulgo, todas aquellas cosas que el azar nos otorga; mostraos desconfiados y temerosos ante los bienes que de la fortuna nos provienen. Las fieras y los peces caen en la añagaza de algún cebo atractivo. ¿Consideráis todas aquellas cosas como presentes de la fortuna? No son otra cosa que insidias. Cualquiera de nosotros que quiera llevar una vida segura, procure evitar tanto como pueda tales beneficios que esconden el peligro, que nos atraen con la treta de fingir que los poseemos, cuando, de hecho, vamos encadenados a ellos. Esta carrera nos conduce al borde del precipicio y el resultado de vivir de aquella guisa es precipitarse desde semejante altura.

Por otra parte ya no cabe resistencia cuando la prosperidad ha comenzado a arrastrarnos, ni se puede caer planeando, en recto vuelo, porque la fortuna no sólo nos hace perder la cabeza, sino que nos sacude y aplasta. Observad, pues, aquel género de vida sano y salvador que consiste en no ser complacientes con el cuerpo más que en aquellas cosas que precisa para su buena salud. Es menester tratarlo severamente para que no se muestre desobediente al espíritu: la comida calme nuestra hambre, la bebida apague nuestra sed, el vestido nos proteja del frío, y séanos la vivienda una defensa ante los ataques a nuestra salud. Que haya sido construida de adobe o de veteados mármoles de lejanas tierras no nos interesa. Sabed que el hombre tan a cubierto se halla bajo rastrojo como bajo el oro. Menospreciad toda cosa que un trabajo suplerfluo ha puesto como adorno y elegancia; pensad que sólo el alma es verdaderamente admirable, y que no hay nada grande que se pueda comparar con un alma grande”.

Diciendo estas cosas a mí mismo y a la posteridad, ¿no cabe, por ventura, decir que te soy más provechoso que si fuese al Foro a ejercer de abogado, o pusiese el sello sobre tablas testamentarias, o alquilase a un candidato la palabra o la acción dentro del Senado? Créeme: los que parece que no hacen nada, hacen cosas mayores que las de los demás, pues se ocupan a la vez en las cosas humanas y las divinas.

Pero es menester poner fin y, según tengo por costumbre, pagar algún escote por la carta. No lo haré con bienes míos; hojeemos una vez más nuestro Epicuro, en el cual he encontrado hoy estas palabras: “Es necesario servir a la filosofía si queremos alcanzar nuestra verdadera libertad. No será diferido por ella quien se le someta en donación total, será libertado sin tardanza, ya que el propio servir a la filosofía significa ser libre.”

Me preguntarás, tal vez, por qué refiero tan bellas palabras de Epicuro con preferencia a las de los nuestros. Pero, ¿por cuál razón crees que estas frases son de Epicuro y no de dominio público? ¿Cuántos poetas no han dicho cosas que deberían haber dicho los filósofos? No me refiero a los trágicos ni a nuestros dramas, ya que estos últimos importan alguna gravedad y ocupan un lugar intermedio entre las comedias y las tragedias.  ¡Cuántos versos elocuentísimos duermen en nosotros mismos! ¡Cuántas palabras de Publio más dignas de ser declamadas con coturno que a pie descalzo!

Recordaré un verso suyo que pertenece a la filosofía, y, por cierto, a la parte de ésta de la cual estábamos ahora tratando, donde niega que las cosas fortuitas puedan ser consideradas como nuestras: “Es cosa de otros cuanto puedan obtener tus deseos.” Recuerdo que tú lo has dicho en un verso mucho mejor y de manera más concisa: “No es tuyo lo que hizo tuyo la fortuna.” Ni tampoco omitiré aquella frase tuya, aún más admirable: “El bien que te ha sido dado te puede ser arrebatado.” Esto último no te lo doy en pago de mi deuda: te entrego lo que ya era tuyo.

Consérvate bueno.

* * *

LUCIO ANNEO SÉNECA, Cartas morales a Lucilio, carta VIII. Editorial Planeta, 1985. Traducción de Jaime Bofill y Ferro. [FD, 02/09/2008]

Sin comentarios »

Sin comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Deje su comentario.

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

(required)

(required)