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"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

LA PROPIEDAD DE LA TIERRA Y LOS POBRES SIN EMPLEO, por Thomas Jefferson

Archivado en: -MUNDO LIBRE — November 7, 2008 @ 9:36 pm

“Soy consciente de que resulta impracticable una división de la propiedad en partes iguales; pero esta enorme desigualdad produce tanta miseria en la masa que los legisladores nunca podrían idear suficientes estratagemas para subdividir la propiedad; deben cuidar tan sólo de que las subdivisiones obedezcan a los afectos naturales de la mente humana. Por consiguiente, que hereden propiedad de cualquier especie todos los hijos, o todos los hermanos o hermanas, o los demás parientes del mismo grado, constituye una medida política y practicable. Otro modo de reducir sin escándalo la desigualdad en la propiedad sería eximir fiscalmente a toda propiedad inferior a cierta medida, gravando en progresión geométrica las porciones mayores. Allí donde existan -en cualquier país- tierras sin cultivar y pobres sin empleo, es evidente que la propiedad ha crecido en violación del derecho natural. La tierra nos viene dada como soporte común para que el hombre trabaje y extraiga de ella su subsistencia. Si para estimular la laboriosidad permitimos que sea objeto de apropiación, hemos de cuidar de que exista otra ocupación para los excluidos de ella. Si no lo hacemos, el derecho fundamental a cultivar la tierra retorna a los desempleados. No es demasiado pronto para asegurar, por todos los medios posibles, que haya un número mínimo de personas desprovistas de una pequeña parcela de tierra. Los pequeños propietarios rurales son las partes más preciosas de un Estado.”

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Querido señor:

Son las siete y, retirado ante la chimenea, me decido a entrar en conversación con vos. Esta es una ciudad de unos 15.000 habitantes cuando no alberga a la corte, y de 20.000 en caso contrario, que ocupa un valle cruzado por un riachuelo, flanqueado a ambos lados por una cadena de pequeñas montañas que en su mayoría son de roca desnuda.

LA DESIGUAL DIVISIÓN DE LA PROPIEDAD, CONCENTRADA EN MUY POCAS MANOS, OCASIONA INNUMERABLES CASOS DE MISERIA EN TODO EL MUNDO

El Rey viene siempre en otoño, a cazar. Su corte le espera, así como el cuerpo diplomático extranjero; pero como eso no es indispensable, y mis finanzas no me permiten el gasto derivado de una residencia continuada en este lugar, me propongo venir sólo ocasionalmente a las audiencias reales y volver a París, distante cuarenta millas. Como este es mi primer viaje, me dispuse ayer por la mañana a contemplar el lugar. Con tal propósito encaminé la excursión hacia la parte más alta de las montañas visibles, cuya cumbre estaba como a una legua.

Campesino trabajando, por Georges-Pierre Seurat, 1882.

Tan pronto como dejé atrás la ciudad me encontré con una mujer pobre que andaba a mi mismo ritmo y seguía el mismo camino. Deseando conocer la situación de los trabajadores pobres entablé conversación con ella, empezando con preguntas sobre el sendero que me llevaría hacia la montaña, para seguir luego con otras sobre su profesión, condición y circunstancias. Me contó que trabajaba a destajo, por 8 sous o 40 centavos sterling al día; que mantenía a dos niños y pagaba una renta de 30 livres por su casa (equivalente a 75 días de trabajo), que a menudo no podía encontrar empleo y, naturalmente, se quedaba sin pan.

Como habíamos caminado casi una milla y me había servido de guía, le di al separarnos 24 sous. La mujer estalló en lágrimas de gratitud, cuya sinceridad pude comprobar al verla incapaz de proferir palabra. Probablemente no había recibido nunca una ayuda tan grande. Este pequeño enternecimiento, además del de mi paseo, me llevaron a una serie de reflexiones sobre la desigual división de la propiedad que ocasiona los innumerables casos de miseria observados por mí en este país y que pueden verificarse en toda Europa.

La propiedad de este país está absolutamente concentrada en muy pocas manos, que poseen rentas anuales de medio millón de guineas. Emplean la flor del campesinado como sirvientes, de los cuales algunos tienen hasta 200, y que no trabajan. También emplean a un gran número de artesanos y tratantes, y por último a la clase de los trabajadores del campo. Pero tras ellos viene la clase más numerosa de todas, que son los pobres incapaces de encontrar trabajo.

SI PARA ESTIMULAR LA LABORIOSIDAD PERMITIMOS LA PROPIEDAD DE LA TIERRA, DEBEMOS BUSCAR OTRA OCUPACIÓN PARA LOS EXCLUIDOS DE ELLA; SI NO LO HACEMOS, EL DERECHO A CULTIVARLA RETORNA A LOS DESEMPLEADOS

Me pregunté cuál podía ser la razón de que se permitiese mendigar a tantas personas dispuestas a trabajar, en un país donde hay una proporción muy considerable de tierras sin cultivar. Estas tierras permanecen incultas; sirven exclusivamente para la caza. Sólo la enorme riqueza de los propietarios puede permitirles prescindir del aumento de rentas que se derivaría de poner en explotación dichas tierras.

Soy consciente de que resulta impracticable una división de la propiedad en partes iguales; pero esta enorme desigualdad produce tanta miseria en la masa que los legisladores nunca podrían idear suficientes estratagemas para subdividir la propiedad; deben cuidar tan sólo de que las subdivisiones obedezcan a los afectos naturales de la mente humana. Por consiguiente, que hereden propiedad de cualquier especie todos los hijos, o todos los hermanos o hermanas, o los demás parientes del mismo grado, constituye una medida política y practicable. Otro modo de reducir sin escándalo la desigualdad en la propiedad sería eximir fiscalmente a toda propiedad inferior a cierta medida, gravando en progresión geométrica las porciones mayores.

Allí donde existan -en cualquier país- tierras sin cultivar y pobres sin empleo, es evidente que la propiedad ha crecido en violación del derecho natural. La tierra nos viene dada como soporte común para que el hombre trabaje y extraiga de ella su subsistencia. Si para estimular la laboriosidad permitimos que sea objeto de apropiación, hemos de cuidar de que exista otra ocupación para los excluidos de ella. Si no lo hacemos, el derecho fundamental a cultivar la tierra retorna a los desempleados.

Todavía es demasiado pronto en nuestro país para afirmar que todo hombre que no pueda encontrar empleo, pero sí tierra no cultivada,  tendrá libertad para cultivarla pagando una renta moderada. Pero no es demasiado pronto para asegurar, por todos los medios posibles, que haya un número mínimo de personas desprovistas de una pequeña parcela de tierra. Los pequeños propietarios rurales son las partes más preciosas de un Estado [...].

 [Al reverendo James Madison. Fontainebleau, 28 de octubre de 1785. Madison, que no debe ser confundido con su sobrino el estadista, fue presidente del William and Mary College, y primer obispo de la iglesia episcopaliana en Virginia].

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THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia.

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