Filosofía Digital

"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

EL HOMBRE QUE RENUNCIA A LA RAZÓN ES COMO UN BARCO SIN TIMÓN, por Thomas Jefferson

Archivado en: -CONCIENCIA VIGILANTE — July 14, 2010 @ 8:18 pm

“La paradoja atanasiana de que uno es tres, y tres sólo uno, es tan incomprensible para la mente humana que ningún hombre sincero puede decir que concibe semejante idea. ¿Y cómo va a creer algo que ni siquiera es una idea? El que dice creerlo se está engañando a sí mismo. Y también demuestra que si el hombre renuncia a su razón se queda sin defensas contra los absurdos más monstruosos, y, como un barco sin timón, a merced de todos los vientos. En esas personas, la credulidad que llaman fe arrebata el timón a la razón, y su mente naufraga. He escrito libremente porque, aun sosteniendo mi derecho a creer en un Dios según los dictados de mi razón, respeto con igual libertad el de otros a creer en tres. Considero que ambas religiones hacen hombres honrados, y ese es el único aspecto que la sociedad tiene derecho a juzgar”.

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Os agradezco vuestros folletos sobre la cuestión del unitarismo, y celebro vuestros esfuerzos en pro del renacimiento del cristianismo primitivo en vuestra parte del país. Ningún hecho histórico hay mejor establecido que la doctrina de un solo Dios, puro y sin mezcla, fue la de los primeros tiempos de la cristiandad; y fue una de las doctrinas eficaces que la hicieron prevalecer sobre el politeísmo de los antiguos, hartos de los absurdos de su propia teología.

Naufragio

Además, la unidad del Ser Supremo no fue expulsada del seno cristiano por la fuerza de la razón, sino por la espada del gobierno civil, blandida a voluntad del fanático Atanasio. El fantasma de pacotilla de un nuevo Cerbero, con un cuerpo y tres cabezas, nació y se alimentó de la sangre de miles y miles de mártires. Y una de las mejores pruebas de la solidez de la fe primitiva es su restauración tan pronto como ha surgido una nación que reivindica la libertad de opinión religiosa y su divorcio de la autoridad civil.

La pura y simple unidad del Creador del universo empieza a ascender en los Estados orientales; se abre camino en el oeste y avanza hacia el sur; y confío esperanzado en que la actual generación verá cómo el unitarismo llega a convertirse en la religión general de los Estados Unidos. Las imprentas del Este nos están ofreciendo muchas obras excelentes sobre la cuestión, y los documentos escritos de Priestley sobre ella están, o deberían estar, en manos de todos.

De hecho, la paradoja atanasiana de que uno es tres, y tres sólo uno, es tan incomprensible para la mente humana que ningún hombre sincero puede decir que concibe semejante idea. ¿Y cómo va a creer algo que ni siquiera es una idea? El que dice creerlo se está engañando a sí mismo. Y también demuestra que si el hombre renuncia a su razón se queda sin defensas contra los absurdos más monstruosos, y, como un barco sin timón, a merced de todos los vientos. En esas personas, la credulidad que llaman fe arrebata el timón a la razón, y su mente naufraga.

He escrito libremente porque, aun sosteniendo mi derecho a creer en un Dios según los dictados de mi razón, respeto con igual libertad el de otros a creer en tres. Considero que ambas religiones hacen hombres honrados, y ese es el único aspecto que la sociedad tiene derecho a juzgar.

Aunque esta recíproca libertad debería originar recíproca indulgencia, no deseo que se me ponga en evidencia ante el público en esta cuestión ni en ninguna otra, y os ruego tengáis presente que escribo confiando en ello.

No participo en controversias religiosas o políticas. A los ochenta años, la tranquilidad es el mayor bien de la vida, y nuestro deseo más vehemente es morir rodeados de la buena voluntad de toda la humanidad.

Y con las seguridades de mi buena voluntad para con unitarios y trinitarios, whigs (aristócratas) y tories (demócratas), aceptad para vos las de todo mi respeto.

[Carta a James Smith, residente en Ohio, escritor teológico. Monticello, 8 de diciembre de 1822]

* * *

THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia. [FD, 19/12/2007 ]

4 comentarios »

  1. Teilhard:

    Estimado Sr Nava, a proposito del unitarismo, recabo su opinion sobre un libro del que recientemente he tenido noticia por acabarlo de publicar primorosamente la editorial asturiana KRK ediciones.Me refiero a EVANGELIO ABREVIADO de LEON TOLSTOI.Libro muy, al parecer tenido en muy alta estima por alguien tan inteligente como Wittgenstein.

  2. Jesús Nava:

    Estimado amigo:

    No recuerdo haber leído en Tolstoi nada con ese título que mencionas. Así que revisaré mejor los tres tomos de Aguilar con sus “Obras” y si es algún escrito inédito, o simplemente no incluido por esta editorial, trataré de adquirirlo en breve. En cuanto pueda, con gusto te comentaré algo al respecto.

    Te confieso que me ronda por la cabeza la idea de abrir una nueva sección en FD (¡como si tuviera pocas!), que había pensado titular EL EVANGELIO ETERNO, donde, aprovechando mi conocimiento de las Escrituras y mi experiencia como pastor protestante, podría verter mis sentimientos actuales hacia la doctrina de Cristo, al cual, como diría el apóstol Pablo, “amo con amor inalterable”, aunque ya no sea cristiano. Mejor dicho, usando palabras de Jefferson, me considero cristiano en el único sentido en que él hubiera querido que lo fuera.

    Hay en el Evangelio enseñanzas morales de valor universal y duración sempiterna, ignoradas tanto por ateos doctrinarios como por crédulos adoctrinados, que habría que rescatar, como decía Unamuno respecto al sepulcro de Don Quijote, de manos de curas, bachilleres y teologastros de toda estofa. El pueblo llano también tiene necesidad de algo más que pan. Y eso no se lo darán ni las iglesias ni el Estado.

    En fin, un abrazo.

  3. Teilhard:

    Estimado Sr. Nava,

    Me trae de vuelta, este comentario de finales del 2007. ¡Como pasa el tiempo!. Lo cierto es que hoy más que ayer me asombra la supervivencia del Catolicismo y no tanto por la voluntad de persistir de esa iglesia, sino por la existencia de infinidad de fieles a la misma, con esa “fe del carbonero” ¿como en pleno siglo XXI pueden asumirse, aunque sea como hechos historicos, verdaderos genocidios, por unas especulaciones infantiles sobre supuestos misterios teológicos acerca del numero de personas que son dios y cosas por el estilo? ¿ como es posible que millones de personas, todos los domingos y fiestas de guardar, reciten a pies juntillas ese “credo” que nadie entiende y que muy pocos se han parado a analizar? ¿ Que aviesas personas controlan de tal modo a esos súbditos y porque motivos reales? ¿ como han podido miles de sacerdotes seguir enfervorizados al embaucador criminal y pederasta fundador de cierta orden religiosa?, ¿como ha podido ese lider contar con el beneplácito papal durante tanto tiempo?

    Pero esto no solo pasa con la religión, sino con otras muchos aspectos vitales de la persona.No hay duda que el ser humano actúa en una gran parte de modo irracional e inconsciente ¿cuantos españoles analizan las actuaciones ante la historia de los partidos a los que votan y de sus lideres? ¿cuantos se leen los programas electorales o analizan las actuaciones de sus representantes para su cumplimiento?

    Resulta evidente que aún dista mucho el ser humano de actuar bajo el imperio de la razón. Incluso en nuestras vidas privadas, ¿cuantas veces somo inconsecuentes e incongruentes con nosotros mismos?

    Quizás sea este el sentido de nuestras vidas. Nacer cada día un poco más, individual y colectivamente, a la consciencia y a la razón en nuestro pensar y actuar y depender menos de la emoción. ¿Que sentido tiene que todo una nación haya vibrado al unisono por un simple juego de pelota y sin embargo rechacemos implicarnos en asuntos de la mayor gravedad y trascendencia como la educación, la sanidad la justicia, la economía y la política, donde se ventilan cosas verdaderamente importantes como nuestro bienestar e incluso supervivencia y el futuro de nuestros hijos?

    El otro día cientos de miles de personas se congregaron a orillas de manzanares para recibir a la “selección”. Sobre el escenario, ante la mirada gregaria y embrutecida de un pueblo desesperanzado, esa “selección” de españoles hicieron el “gañan” todo lo que pudieron. Nada de palabras sabias o al menos bellas. Nada de ideas transformadoras o de valores estimulantes. Solo gritos bárbaros, palabras reiterativas, lugares comunes hasta la saciedad.

    Me gustaría que al menos igual numero de voluntades pudieran concitarse de alguna manera y en alguna ocasión para celebrar una ley importante, v. gr una ley de presupuestos de un ejercicio próximo de la que nos pudiéramos sentir orgullosos. Aun queda tiempo para eso.

    Mientras tanto reciba como siempre un cordial saludo

    Su tocayo

    Teilhard

  4. Jesús Nava:

    Estimado Teilhard:

    Si nos resulta tan difícil comprender cómo es posible que el hombre moderno sea tan esclavo de la superstición y las pasiones irracionales como el hombre antiguo, tal vez sea porque creemos que la civilización y la cultura nos debería hacer más lúcidos y libres. Pero, en realidad, no es así.

    En Occidente, buena parte de la gente sigue enganchada a la superstición cristiana, totalmente opuesta a la religión de Cristo. Y los que se las dan de cultos y modernos, y detestan la religión, adoran con no menos ardor y fanatismo al monstruoso Leviatán, cuyos poder y providencia mantienen deslumbrados a los ignorantes que son víctimas de la superstición del Estado.

    En cualquier caso, la superstición -sea religiosa, sea política, sea científica-, fruto del maridaje entre el miedo y la ambición, es la causa de que los hombres, como decía nuestro querido Spinoza, “luchen por su esclavitud como si se tratara de su salvación”.

    Y como en ese secreto están tanto las monarquías (incluyendo a la católica) como las oligarquías y los socialistas, asistiremos durante siglos a esta farsa de la esclavitud mental de pueblos enteros a la parafernalia del poder político y religioso; pues, como ya señalaba el historiador romano Quinto Curcio, “no hay medio más eficaz para gobernar a la masa que la superstición”.

    En España, hasta un filósofo materialista como el señor Gustavo Bueno, presume de considerarse un “ateo católico”. Y aunque sé a lo que se refiere, tal vez sea, a pesar de su sarcasmo, más católico de lo que el mismo piensa. Y es que en España hasta los protestantes (algo sé de esto) y los ateos son de mentalidad católica, porque esta absurda superstición está grabada a sangre y fuego (nunca mejor dicho) en la memoria colectiva de nuestro país.

    No es fácil, aunque muchos crean que sí, liberarse de la credulidad y la superstición. Porque, como decía Tocqueville, la fe cambia de objeto, pero no muere. A menos que sea reemplazada por la libertad de la sabiduría. Pero ¿quién quiere saber hoy algo, y desengañarse de todos las mentiras y autoengaños? ¡Es tan cómodo creer en cualquier cosa que nos agrade, aunque no sea verdad!

    Un abrazo.

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