Filosofía Digital

"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

LA SOLEDAD ALEGRE Y EL INFINITO INTERIOR, por Jesús Nava

Archivado en: -FILOSOFÍA CORDIAL — September 30, 2009 @ 12:25 pm

-Comentario- 

No sé si mi comentario llegará hasta vosotros. Navego por Internet, pero soy reacia a entrar en debates. Sólo quería decir que me quito el sombrero leyendo esta página. Siempre tuve una querencia especial hacia este tipo de temas, y un día así, por azar o por suerte, la encontré.

Hace ya mucho tiempo deseé, con todo mi corazón, la soledad y el silencio. Creo que lo he conseguido, una soledad y un silencio perseguido, anhelado, y al fin alcanzado. La llegada a esa meta fue dura, hubo sufrimiento, tristeza, náusea, soledad fría y húmeda como esa niebla de invierno que cala hasta los huesos, miedo, rabia, el abismo de la nada. Y al fin la llegada a la soledad, al silencio. La alegría de haber alcanzado una verdad diferente, ajena al tumulto y al ruido de fuera. Una soledad que mantengo en agradables conversaciones conmigo misma y tal vez también con “El Solo”, también con los libros.

Mujer entre flores

Pienso que el que ha aprendido a estar solo, a ser solitario, pertenece a esa raza de hombres superiores, que camina un poco por encima de la tierra, sin perderla de vista. Porque posee una verdad diferente, porque ha aprendido que la felicidad, así como el éxito o el fracaso, es una cuestión personal, no social. La sociedad, la civilización, la conciencia de pertenecer, de ser, de tener, es la que impone los límites a la libertad del ser humano, sólo el que es capaz de romper las alambrada, es verdaderamente libre. Mi querida soledad.

Un abrazo.

-Respuesta-

Yo no empecé a editar Filosofía Digital con la intención de debatir nada, ni mucho menos de polemizar. Es el formato de esta especie de diarios, que permite a los lectores comentar los pensamientos públicos de otros, lo que facilita, a la vez que una comunicación muy enriquecedora con gente desconocida de remotos lugares, el que algunos exaltados conviertan el diálogo necesario en una discusión innecesaria. Así que, tranquila por lo que a mí respecta.

Comprendo tu amor por la soledad, porque es difícil convivir con personas muy diferentes sin que se produzca una importante mudanza en nosotros mismos. No es así cuando encuentras personas afines. Hay pocos placeres comparables al de una buena y tranquila conversación entre amigos.

Nietzsche llegó a decir que el matrimonio no era más que una larga conversación. Comunicarse y entenderse es, sin embargo, casi un milagro. Por eso, muchas personas sensibles prefieren la intimidad silenciosa, a la que les empuja además un temperamento melancólico.

Pero ten cuidado, amiga mía; no vayas a confundir la dolorosa soledad del aislamiento -como repliegue ante la hostilidad del mundo y la frustración del anhelo de comunión con otras almas-, con la soledad creativa y reflexiva, gozosa experiencia de la expansión, que no contracción, del espíritu derramado en el infinito interior. Esta soledad es gloriosa, aquélla un tormento infernal.

Tienes razón al decir que hay que ser muy especial para vivir en soledad alegre; pero la alegría es misionera, porque es generosa, y desea transmitirse. Por eso, el que la encuentra no la retiene exclusivamente para sí mismo, sino que siente su mayor satisfacción en alegrar a otros. Y eso, alegrar la vida del más próximo, es sencillamente amor.

Te deseo suerte. Recibe un cordial saludo.

Filosofía Digital, 09/10/2007.

Comentario y respuesta en DIÁLOGO Y POLÉMICAS

2 comentarios »

  1. Martín Bolívar:

    Un alegato al optimismo y a las ganas de vivir. Me ha encantado visitar este blog. Siento tener poco tiempo para poder leer todo, pero seguiré pasando por esta casa en la que uno se siente tan cómodo, tan libre, como si estuviera en mi propia casa.

  2. Jesús Nava:

    Gracias, amigo, por la parte -muy poca- que me toca en tu elogio. Filosofía Digital es mi modesto homenaje a la filosofía perenne. Por lo que, más que una casa, sería una terraza sin puertas ni tabiques ni techo, abierta al infinito y a la eternidad.

    Pero también es cierto que está construida con cerca de seiscientos sólidos artículos pertenecientes a más de ciento cincuenta autores diferentes. Y sigue creciendo en altura. Y cuando deambulo por ella me siento, como todos los espíritus sensibles que la visitáis, un poco más cerca de ese cielo de libertad al que todos aspiramos en esta vida.

    Un cordial saludo.

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