SERÉ UN SOÑADOR, PERO ÉSTE ES MI IDEAL SOCIAL, por Jesús Nava
“Buena voluntad y buenas intenciones del corazón. Eso es lo que necesitamos. Y asociar a las personas nobles en un movimiento político que dé ejemplo desde el principio de la altura de miras y la mentalidad integradora que aspira a implantar en el país. Teorías políticas y económicas hay para dar y tomar. Pero rechazar la tentación de mandar sobre otros (en vez de ansiar servir y ser útil a la humanidad) y liberarse del vicio común del amor al dinero que engendra la explotación laboral, es un programa ético-social tan difícil de difundir en la sociedad como raro verlo encarnado en los individuos. Pero en eso estamos. Y ahí seguiremos, si no desmayamos”.
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Me alegro de las coincidencias. Me quedó por decir que a falta de ideas verdaderas los seres humanos tenemos que conformarnos con opiniones verosímiles. Todo lo que digo, en cuestiones políticas, no son más que opiniones. No tengo ni una sola certeza.
Por eso, debo confesar, sin complejo alguno, que soy demócrata porque, definida clásicamente, la democracia encaja mejor que cualquier otro sistema con mis principios filosóficos y morales.
Me gustaría vivir en un mundo donde nadie explote a nadie; donde el fuerte no oprima al débil, sino que lo ayude a fortalecerse y trate de elevarle a su nivel, con modestia y humanidad; donde el débil no odie al fuerte por ser más fuerte, sino que solicite, cordialmente, apoyarse en él para perfeccionarse; donde todos trabajemos, como un cuerpo con una sola mente, para que nuestras necesidades e ideales comunes de concordia, prosperidad y libertad lleguen a buen puerto.
Y creo que para empezar a moverse en esa dirección, debemos ponernos de acuerdo en lo que vamos a tener en común materialmente, además de iguales derechos y obligaciones ante el Estado. Por ejemplo: yo defiendo, como Spinoza, que sean comunes, como mínimo, el suelo y los bienes inmuebles, como ya lo es el aire y el agua.
Creo que también debe ser común la defensa, como hacen los suizos, que tienen un ejército basado en la milicia, porque el pueblo en armas es la mejor defensa para un pueblo libre. Creo que la economía debe estar regida por la política y la política al servicio del bienestar general de los ciudadanos, y bajo su control directo e inmediato.
Me han tachado de comunista por defender un mínimo material común. Me han acusado de ser anarquista, por estar de acuerdo con que los representantes del pueblo en el parlamento de cualquier país son un hatajo de inútiles que votan sobre cosas que no entienden. Me llamarán liberal porque defiendo la libertad individual como base de la concordia social, y tal vez me acusarán de marxista por sostener con Marx (ver artículo de Jean Grenier) que concibo cómo: “En el lugar de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clases, surge una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno es la condición del libre desarrollo de todos”.
La realidad es que no creo en ninguna de esas cosas, en cuanto que ideologías. Aferrarse a un credo religioso o político es una forma de degradación intelectual y moral. Pero, como carezco de prejuicios, no puedo comprender cómo todo el mundo no puede ver la parte de razón que hay en todas ellas. ¿No es posible extraer la quintaesencia de todas estos programas políticos -extremando las precauciones para que su aplicación no degenere jamás en totalitarismo-, extraer de ellos todo lo que tienen de bueno, e integrarlo en un ideario razonable y probar suerte, de común acuerdo, ensayando sin imposiciones todos los medios hasta dar con lo mejor?
Seré un soñador. Pero éste es mi ideal social, y lo creo perfectamente posible y realizable. No es una utopía para la humanidad, excepto en la medida en que la gente se mueve y reacciona mediatizada y condicionada por ideologías que le impiden razonar y defender lo que le dice el simple sentido común.
Buena voluntad y buenas intenciones del corazón. Eso es lo que necesitamos. Y asociar a las personas nobles en un movimiento político que dé ejemplo desde el principio de la altura de miras y la mentalidad integradora que aspira a implantar en el país.
Teorías políticas y económicas hay para dar y tomar. Pero rechazar la tentación de mandar sobre otros (en vez de ansiar servir y ser útil a la humanidad) y liberarse del vicio común del amor al dinero que engendra la explotación laboral, es un programa ético-social tan difícil de difundir en la sociedad como raro verlo encarnado en los individuos.
Pero en eso estamos. Y ahí seguiremos, si no desmayamos.
Un cordial saludo.
FD, 24/10/2007.
Respuesta a varios comentarios en LOS VALORES CLÁSICOS DE LA IZQUIERDA
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July 14th, 2008 @ 3:31 pm
No me extrañaría nada que usted fuera juzgado y condenado al ostracismo. Nuestros actuales valores y poderes son todo lo contrario a sus ideales. Mejor dicho, nuestros actuales poderes eliminan los sueños y valores de la humanidad antes de poder hacerlos realidad. Y posiblemente vean en personas capaces y de altos ideales un serio peligro, al que tendrán que “aislar”, no vaya a ser que “contagien”.
Cuídese y protéjase.
Humildemente y sin ánimo de ofender a nadie, le diré que personas como usted son la semilla del futuro o no habrá futuro digno de ser nombrado.
Perdone que me inmiscuya de nuevo, pero no he podido resistirme.
July 14th, 2008 @ 10:02 pm
Gracias, Mª Dolores, pero no te preocupes. Decir ciertas cosas en un blog de alcance limitadísimo, como en el caso de FD, es como escribir en el agua. Puede que logremos inspirar a algún lector de buena voluntad, interesado en los temas eternos de la verdad, la libertad o la felicidad. Pero la opinión pública es tan invulnerable a nuestras bienintencionadas prédicas filosóficas, éticas y políticas, como lo es la dura piel del elefante a las perdigonadas de los cazadores ingenuos.
Como le dije a un amigo hace tiempo, aquí se está bordando la bandera de la libertad. Sólo que, en vez de trabajar a escondidas, como Mariana Pineda, nosotros lo hacemos a plena luz del día, por si alguien se ofrece a darle una puntada. No tenemos nada que ocultar. Pero aún no ha llegado el momento de hacerla ondear a la vista de todos.
Ni tampoco tenemos nada que temer. Para que nos condenaran al ostracismo, antes tendríamos que pertenecer a su mundo y constituir una amenaza para los oportunistas de toda laya. No es el caso.
Pero la realidad es que los profetas profetizan mentiras, los sacerdotes ofician con ellas y mi pueblo aplaude con gusto las patochadas y la fanfarria del Poder. No hay ni una grieta en el sistema por donde pueda infiltrarse un átomo de verdad o de libertad.
Pero aquí seguiremos. ¡Quién sabe! Puede que algún día el aire de España se llene de suspiros por la verdad y la justicia. Y entonces será la hora de los espíritus libres.
Un abrazo.
March 21st, 2009 @ 10:52 am
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