DEMOCRACIA Y DEFENSA POPULAR NO-VIOLENTA
“Una verdadera democracia parece impracticable dentro de un Estado centralizado, en donde todos los poderes (político, económico, técnico, militar) están situados en la cúspide de una pirámide o incluso en el exterior de esa pirámide (poder de las sociedades multinacionales, por ejemplo). Tal estructura social, cualquiera que sea el partido en el poder, engendra un profundo sentimiento de impotencia, irresponsabilidad y pasividad. Nada pueden todas las hermosas palabras sobre la democracia o la participación. Una defensa no-violenta -como la democracia en general- sólo podrá instaurarse en la dinámica de un movimiento de descentralización en todos los campos. La no-cooperación y la desobediencia civil, conjugadas con la creación de instituciones locales independientes y el establecimiento de técnicas ligeras o instrumentos de convivencia controlables por todos, permitiría realizar después de un profundo trabajo de sensibilización y de información, una liberación progresiva a partir de la base. No sería imposible constituir entonces verdaderos “territorios liberados” cuya gestión asumiría la población local. Estos “territorios” podrían ser o geográficos o institucionales”.
* * * * * *
Al final de este estudio, estimamos que diversos puntos pueden considerarse seguros:
1. La defensa armada, cualquiera que sea su forma, presenta en el plano nacional y en el plano mundial muy graves inconvenientes políticos, económicos, ecológicos y morales. Los mismos que la preconizan no niegan que es un mal, aunque -dicen- un mal necesario, un mal “menor”.
2. Contra una opinión corriente, la defensa armada está muy lejos de garantizar la seguridad de los territorios y de las poblaciones que está encargada de proteger; cabe incluso decir que sólo muy excepcionalmente la garantiza. Además tiende, por la carrera de armamentos y la proliferación nuclear, a agravar los riesgos de guerra y por lo tanto de agresión.
3. Ha habido poblaciones sin armas que han podido, mediante la defensa civil no-violenta, defender eficazmente sus derechos frente a adversarios desprovistos de toda piedad, a pesar de que su resistencia no-violenta había sido improvisada.
LA NO-VIOLENCIA ES UN FERMENTO DE COMUNICACIÓN Y SOLIDARIDAD
Estos hechos nos llevan a pensar que sería mucho más razonable orientarnos hacia la organización de una defensa civil no-violenta que continuar reforzando nuestra defensa armada.
Creemos, en efecto, que una población resuelta a defenderse enérgicamente podría no sólo poner a un invasor eventual en la imposibilidad de hacer daño, ejerciendo un efecto de inhibición sobre la capacidad agresiva y represiva de sus soldados y de sus policías, sino incluso disuadirle de aventurarse a una invasión por temor de que la moral de sus tropas se resquebrajara al contacto con una población muy dispuesta a fraternizar pero reacia a toda cuartelización, a toda sumisión y a todo acto contrario a sus convicciones.
Por otro lado, mientras que el establecimiento de poderosos sistemas de defensa armada aumenta el peligro de caer en el totalitarismo, acentúa las desigualdades económicas, contribuye a degradar nuestro equilibrio ecológico y corroe los valores morales más elementales, la resistencia no-violenta puede ofrecer a la vez la fuerza de motivación y los medios eficaces para luchar contra esos peligros en tiempo de paz.
Frente a los peligros del totalitarismo que tiende a “atomizar” la sociedad y a aislar a los individuos, la no-violencia es un fermento de comunicación y solidaridad; sus medios de acción podrían ser tan eficaces contra una dictadura interna como contra un invasor extranjero. Finalmente, la no-violencia no sólo es compatible con los valores morales fundamentales (solidaridad, sentido de la justicia, sacrifico de sí mismo) sino que además tiende a desarrollarlos a través de los diálogos a la vez fraternales y rigurosos que exige.
Por consiguiente, lo mismo si se considera su eficacia defensiva o su dinamismo liberador que la fuerza que da a todos los que luchan por la defensa de sus derechos legítimos o el ímpetu moral que lleva en sí, la defensa no-violenta presenta incomparablemente más ventajas que la defensa armada. Queda ahora por precisar cómo podría hacerse el paso de una a otra.
La lógica o dinámica de la no-violencia puede difícilmente armonizarse con unas decisiones autoritarias tomadas brutalmente por el poder establecido. No es fácil imaginar al gobierno actual, ni incluso a un gobierno de izquierdas, decidir bruscamente la sustitución de una defensa armada por una defensa no-violenta. Probablemente, el paso de la defensa armada a la defensa popular no-violenta sólo puede hacerse progresivamente por iniciativa de la base, y ante todo en el plano local.
A LOS CIUDADANOS, NO AL GOBIERNO, ES A QUIENES INCUMBE ASUMIR SUS RESPONSABILIDADES Y EMPEZAR A REALIZAR SUS DESEOS
No sería lógico, en esta materia, esperar que el gobierno tome decisiones. A los propios ciudadanos incumbe el asumir sus responsabilidades y empezar a realizar lo que desean, en el lugar en donde se encuentran. La progresión en este sentido podría recibir el apoyo de decisiones gubernamentales; pero éstas deberían seguir y no preceder a la evolución de la opinión pública.
En cuanto al desarrollo actual de la no-violencia en Francia, parece seguir dos caminos. Por una parte, existe una gran profusión de grupos o comunidades orientadas a vivir y a dar a conocer la no-violencia. Por otra parte, es frecuente ver, con ocasión de diversas luchas, a individuos, minorías o grupos organizados que recurren a formas de acción no-violenta sin invocar explícitamente la no-violencia: huelgas de hambre, encadenamientos, marchas, huelgas de pago de alquileres, ocupaciones no-violentas de edificios públicos, talleres clandestinos cuando la huelga de Lip, creación de “instituciones salvajes” (guarderías infantiles, escuelas paralelas, circuitos de producción y consumo, etc.).
En varias ocasiones, grupos no-violentos han aportado su apoyo teórico y práctico a quienes se habían lanzado, a veces sin saberlo, a formas de acción no-violentas. Estas confluencias pueden ciertamente favorecer una toma de conciencia del valor de la no-violencia en general.
Pero la creación de una verdadera defensa no-violenta requiere no sólo que la mayoría de los ciudadanos sepa lo que es la no-violencia, sino también que tenga el sentido de sus responsabilidades y la posibilidad de asumirlas realmente.
Una verdadera democracia parece impracticable dentro de un Estado centralizado como es hoy Francia, en donde todos los poderes (político, económico, técnico, militar) están situados en la cúspide de una pirámide de cincuenta millones de habitantes o incluso en el exterior de esa pirámide (poder de las sociedades multinacionales, por ejemplo). Tal estructura social, cualquiera que sea el partido en el poder, engendra un profundo sentimiento de impotencia, irresponsabilidad y pasividad. Nada pueden todas las hermosas palabras sobre la democracia o la participación.
Estimamos, por lo tanto, que una defensa no-violenta -como la democracia en general- sólo podrá instaurarse en la dinámica de un movimiento de descentralización en todos los campos. La no-violencia permite precisamente contemplar una forma de descentralización que se haría no autoritariamente o desde la cúspide, sino por la base.
LA LIBERALIZACIÓN DE TERRITORIOS O INSTITUCIONES PERMITIRÁ UN CAMBIO A PARTIR DE LA BASE
La no-cooperación y la desobediencia civil, conjugadas con la creación de instituciones locales independientes y el establecimiento de técnicas ligeras o instrumentos de convivencia controlables por todos, permitiría realizar después de un profundo trabajo de sensibilización y de información, una liberación progresiva a partir de la base. No sería imposible constituir entonces verdaderos “territorios liberados” cuya gestión asumiría la población local.
Estos “territorios” podrían ser o geográficos o institucionales (circuitos de producción y de consumo, escuelas, defensa). El ejemplo que nos dan en Francia los campesinos de Larzac muestra que esta hipótesis no tiene nada de utópico. La construcción de una “majada-pirata” en la zona de extensión del campo militar, la reparación de una carretera, el cultivo de una tierra baldía perteneciente a un diputado de la mayoría, son hechos que demuestran que la desobediencia civil puede ser constructiva.
Una coordinación entre las comunas “en vías de liberación”, coordinación un poco análoga a la que se está creando entre las localidades amenazadas por la extensión de campos militares, podría aumentar la fuerza de este movimiento y, en muchos casos, forzar al poder a retroceder y a modificar la ley, o llevar al poder a hombres más abiertos a una descentralización real.
En el plano militar, una desmilitarización a partir de la base sería muy concebible: la objeción de conciencia de los jóvenes, la negativa de los adultos a pagar la parte de impuesto destinada a la defensa nacional y su redistribución en beneficio de los municipios, una acción de las secciones sindicales locales en favor de la transformación de las fábricas de armamento adaptándolas al sector civil y en un sentido favorable a la autonomía económica de la región; todos estos y otros muchos medios que habría todavía que imaginar pueden constituir modalidades prácticas de desmilitarización de una región o de un municipio y de “civilización” de su defensa.
Tales acciones podrían llevarse a cabo en diálogo constante con los militares locales y con sus familias, a quienes debería tenerse constantemente al corriente de los objetivos del movimiento. En una fase de transición o en una fase definitiva (según las regiones), las unidades militares locales y su material no armado podrían constituirse en cuerpos de socorro para casos de catástrofes locales, regionales, nacionales e internacionales. Podrían también colaborar en los trabajos emprendidos localmente para dar a la región su autonomía económica.
Tal podría ser una de las vías de la descentralización en el plano militar. No afirmamos que las cosas vayan a suceder así. Decimos únicamente que podrían suceder así, que el camino está abierto y que si las personas y los grupos ya sensibilizados y orientados hacia la descentralización se lanzan a recorrerlos podrán crear un dinamismo que hará realizable, mucho más rápidamente de lo que se cree, lo que parece actualmente utópico.
Claro está que tal movimiento tropezaría con numerosos obstáculos; pero los más importantes tal vez no sean aquellos en que primeramente se piensa. La oposición del Estado, del ejército y de los poderes económicos podría hacerse fácilmente inoperante si se le oponen los medios de la no-violencia y el efecto de inhibición que ésta podría ejercer sobre todo intento de represión. Lo más difícil sería crear, en la base, un movimiento verdaderamente solidario, sobre todo en las grandes ciudades en las que la ciudad está ya muy “atomizada”.
LOGRAR UNA SOCIEDAD DONDE EL POTENCIAL INDIVIDUAL PUEDA ECLOSIONAR LIBREMENTE, DEPENDE DE CADA UNO DE NOSOTROS
Los municipios o comunas rurales y los pueblos pequeños, muy numerosos en Francia, constituirían seguramente una base mucho más sólida para tal movimiento. El ejemplo de Larzac, una vez más, muestra el grado de eficacia y solidaridad que pueden alcanzar los campesinos cuando se organizan y toman el control de su existencia, y hasta dónde puede llegar su capacidad de imaginación. Se dirá que su cohesión se ha hecho frente a un peligro preciso; pero hoy el peligro está en todas partes, y a menudo muy cercano. ¿No contribuye el de la contaminación a suscitar un cambio de mentalidad cuyos efectos son muy sensibles?
Una toma de conciencia de estos peligros que, sin conducir a un pesimismo negativo, fuera asociada a la construcción progresiva de una sociedad en la que las relaciones de los hombres con su entorno natural serían diferentes, podría ser un poderoso elemento dinámico. Dentro de esta dinámica, la constitución de una defensa civil no-violenta ocuparía un lugar importante, y la propia no-violencia ofrecería sus medios de acción.
Debe quedar claro que lo que proponemos no es, hablando con propiedad, un proceso de desarme, sino más exactamente, según la expresión de Adam Roberts, un proceso de “transarme”, o sea, el paso de una forma de defensa a otra, evolución inseparable del paso de una sociedad a otra.
Convendría que ese paso se realizara, en la medida de lo posible, en estrecha coordinación con los pueblos extranjeros: hermanamiento de ciudades y pueblos, creación de un verdadero servicio civil internacional basado en el voluntariado y que permita a los jóvenes que lo deseen ir a trabajar al extranjero, intercambios culturales… Todo ello reforzaría la vinculación por la base entre las poblaciones y contrarrestaría los brotes de movimientos nacionalistas, xenófobos y belicistas.
No quisiéramos, en realidad, cerrar este estudio con una conclusión. Desearíamos, al contrario, que este opúsculo ofreciera al lector la ocasión para iniciar un diálogo, o un esfuerzo de información, o incluso una acción. ¿Qué puede hacer, pues, el lector?
Si no está convencido, si es radicalmente opuesto a lo que proponemos o si tiene dudas, desearíamos que aceptara, a pesar de todo, un diálogo con nosotros. Cualquiera que sea la forma de defensa hacia la que se oriente nuestro país, sólo será sana y eficaz en la medida en que sea resultado de un diálogo abierto y riguroso entre los franceses, y en la medida en que sus objetivos sean comprendidos y aceptados por la mayoría de los ciudadanos. No creemos que ese sea el caso ahora.
En cuanto al lector convencido, estamos dispuestos a proponerle una serie de acciones que le permitirán, en la medida de sus disponibilidades de tiempo, dinero, competencias diversas, asociarse a la creación de una verdadera corriente no-violenta en Francia. Cada cual debe convencerse de que la opción entre el mantenimiento de una defensa armada, con todos los peligros que entraña, o la orientación hacia una defensa no-violenta y hacia una sociedad en la que las relaciones humanas permitan una verdadera eclosión de las potencialidades de los individuos es algo que depende en definitiva de cada uno de nosotros.
* * *
GANDHI, LIDDLE, BELL, MILANI, EBERT Y OTROS. ¿Defensa armada o defensa popular no-violenta?, Ediciones Orbis, 1985. El original, una obra colectiva, se publicó en francés, en 1975. [FD, 29/07/2007].
4 comentarios »
RSS feed for comments on this post. TrackBack URI
Deje su comentario.
Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>



July 29th, 2007 @ 1:04 pm
Si es estado tiene legitimado el uso de la violencia para mantener dentro y fuera de su territorio, el orden legal, mantener esto mismo sin el uso de la violencia requiere tal vez, de una fuerte consciencia social que mantenga y regule los casos de desorden.
Los nacionalismos defienden precisamente esto: la homogeneidad cultural fuertemente establecida ayudaría a controlar por las simple educación nacionalista, elevada al rango de cuasi-religión, los desordenes sociales y la defensa de la «nación».
Por lo tanto, quiero decir que lograr la defensa no-violenta puede exigir un menoscabo de ciertas libertades individuales. Es cuestión de ver hasta donde se quiere y se puede llegar.
Saludos
July 29th, 2007 @ 1:06 pm
Rectificación: el estado tiene legitimado el uso de la violencia para mantener el orden legal DENTRO de su territorio, y para defendese de amenazas de FUERA del mismo.
Saludos
July 29th, 2007 @ 1:50 pm
Precisamente, Lino, he insertado un comentario en el blog de la ALCD, donde he publicado simultáneamente este texto, proponiéndolo como base para un debate sobre estrategias con vistas a alcanzar la democracia o, al menos, “territorios liberados”, sean geográficos o institucionales, que sirvan como referencia y fermento de una democracia general en el país.
Pero, volviendo al texto, la no-cooperación y la desobediencia civil no-violenta, constituyen herramientas valiosísimas frente a cualquier tipo de dictadura, sea externa o interna, y eso incluye, por supuesto la dictadura estatista o nacionalista.
Las revueltas estudiantiles en la plaza de Tiananmen, en Pekín, aunque acabaron en una masacre con cientos de muertos y miles de heridos, son la prueba de que, lejos de constituir una amenaza para las libertades democráticas, individuales y colectivas, la desobediencia civil y la resistencia activa no-violenta, son el único camino hacia la libertad bajo una tiranía. Aunque exige, ciertamente, unas elevadas miras morales y enormes sacrificios.
Para la defensa de un país de agresiones externas y de golpes militares o guerras civiles, soy partidario del pueblo en armas, como en Suiza, y totalmente contrario a un ejército profesional, que no sólo es un peligro constante para las libertades del país, sino, sobre todo, una flagrante inmoralidad, al recurrir a mercenarios para que mueran, llegado el caso, por una patria que sus ciudadanos no moverían ni un dedo por defender.
Saludos cordiales.
July 29th, 2007 @ 6:12 pm
Me permito llamar la atención de nuestros lectores y amigos sobre la larga entradilla que encabeza el artículo. Me parece interesentásima, tal vez porque es la única forma en que yo concibo la posibilidad de conquistas democráticas reales en los países donde el estatismo y el estatalismo centralistas son el obstáculo más imponente para la libertad democrática.
Reproduzco aquí, otra vez, esta parte: “La no-cooperación y la desobediencia civil, conjugadas con la creación de instituciones locales independientes y el establecimiento de técnicas ligeras o instrumentos de convivencia controlables por todos, permitiría realizar después de un profundo trabajo de sensibilización y de información, una liberación progresiva a partir de la base. No sería imposible constituir entonces verdaderos “territorios liberados” cuya gestión asumiría la población local.
Estos “territorios” podrían ser o geográficos o institucionales (circuitos de producción y de consumo, escuelas, defensa). El ejemplo que nos dan en Francia los campesinos de Larzac muestra que esta hipótesis no tiene nada de utópico. La construcción de una “majada-pirata” en la zona de extensión del campo militar, la reparación de una carretera, el cultivo de una tierra baldía perteneciente a un diputado de la mayoría, son hechos que demuestran que la desobediencia civil puede ser constructiva.
Una coordinación entre las comunas “en vías de liberación”, coordinación un poco análoga a la que se está creando entre las localidades amenazadas por la extensión de campos militares, podría aumentar la fuerza de este movimiento y, en muchos casos, forzar al poder a retroceder y a modificar la ley, o llevar al poder a hombres más abiertos a una descentralización real”.
Saludos.