EL PAPA, UN ÍDOLO VIEJO, por Montesquieu
“La cabeza de los cristianos es el Papa, que es un ídolo viejo a quien, meramente por costumbre, tributan incienso. Antiguamente se hacía temer hasta de los monarcas, pero ahora nadie le teme. He oído decir que en España y Portugal hay unos monjes que no entienden de chanzas y queman a un hombre como coscoja. Si uno cae en sus garras, dichoso él si ha hecho siempre oración a Dios con una sarta de cuentecitas de palo, si ha llevado siempre encima dos trapos atados con dos cintas y si ha estado alguna vez en una provincia que llaman Galicia. Aunque jure más que un carretero que es ortodoxo, raro será que no le quemen como hereje”.
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La cabeza de los cristianos es el Papa, que es un ídolo viejo a quien, meramente por costumbre, tributan incienso. Antiguamente se hacía temer hasta de los monarcas, que los deponía con tanta facilidad como deponen nuestros magníficos sultanes a los reyes de Imireta y Georgia (1); pero ahora nadie le teme. Se dice sucesor de uno de los primeros cristianos que llaman san Pedro, y cierto que la herencia es muy pingüe, pues posee tesoros inmensos y es dueño de un dilatado país.
EN NINGÚN LUGAR HUBO TANTAS GUERRAS CIVILES COMO EN EL REINO DE CRISTO
Los obispos son unos príncipes de la ley que están subordinados a él, y bajo su autoridad desempeñan dos cargos muy distintos. Cuando están congregados hacen, como él, artículos de fe; pero cuando están separados casi no tienen otro ministerio que dispensar del cumplimiento de la ley.
Porque has de saber que está la religión cristiana atestada de preceptos muy dificultosos de practicar; y habiendo visto que era más fácil tener obispos que dispensasen de sus obligaciones que cumplir con ellas, en beneficio de la pública utilidad se han resuelto a la primera.
Así, si uno no quiere hacer el rahmazán (2), si no se quiere sujetar a las formalidades de la celebración del matrimonio; si quiere quebrantar sus votos; si se quiere casa con aquella a quien se lo veda la ley; y a veces, si se quiere violar un juramento, se va al obispo de Roma, al Papa, el cual le da al instante una dispensa.
Los obispos no hacen artículos de fe por propia iniciativa, y hay una infinidad de doctores, los más de ellos dervises, que suscitan mil nuevas cuestiones acerca de la religión; los dejan que disputen mucho tiempo, y dura la guerra hasta que concluye con una decisión. También te aseguro que nunca hubo reino donde tantas guerras civiles haya habido como en el de Cristo.
Los que publican una proposición nueva, al punto son calificados de herejes: cada herejía tiene su nombre que es como el pendón de sus secuaces. Pero quien no quiere no es hereje; no tiene más que partir la diferencia por la mitad y dar una distinción a los que le acusen de herejía; y sea ésta la que fuere, entiéndase o no, se queda un hombre más blanco que la nieve y puede obligar a que le tengan por ortodoxo.
LOS INQUISIDORES NO ENTIENDEN DE BROMAS Y QUEMAN A UN HOMBRE COMO HOJARASCA
Verdad es, no obstante, que aunque sea así en Francia y en Alemania, he oído decir que en España y Portugal hay unos monjes que no entienden de chanzas y queman a un hombre como coscoja (3). Si uno cae en sus garras, dichoso él si ha hecho siempre oración a Dios con una sarta de cuentecitas de palo, si ha llevado siempre encima dos trapos atados con dos cintas y si ha estado alguna vez en una provincia que llaman Galicia (4).
Sin eso mal está el pobre demonio. Aunque jure más que un carretero que es ortodoxo, harto será que crean que tiene los requisitos necesarios para serlo y que no le quemen como hereje. Inútil es que dé distinciones; no hay distinción que valga, y antes que piensen siquiera en escucharle ya estará hecho pavesa.
Los demás jueces presumen que el acusado está inocente; mas éstos presumen siempre lo contrario, y llevan por regla, en caso de duda, de fallar por el rigor, acaso porque creen malos a los hombres. Bien es verdad que por otro lado tan buena idea se forman de ellos que los creen incapaces de decir una mentira, y así reciben la declaración de los enemigos capitales, de las rameras públicas, de los que ejercitan oficios infames.
En la sentencia hacen un cumplido a los que van vestidos de una camisa de azufre diciéndoles que sienten mucho que lleven un traje tan indecente, que son muy benignos, que aborrecen la sangre y se duelen mucho de haberlos condenado: luego, por consolarse, confiscan en beneficio suyo los bienes de estos desventurados.
Dichosa la tierra donde moran los hijos de los profetas y donde no son conocidos tan funestos espectáculos (*). La sagrada religión que nos trajeron los ángeles se escuda en su propia verdad y no necesita para mantenerse de tan violentos medios.
Rica a Ibén, en Esmirna. De París, a 4 de la luna de Chalval, 1712.
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(1) Vasallos del Sha de Persia. (2) Es decir, la cuaresma. (3) Los inquisidores. (4) La peregrinación a Santiago de Compostela. (*) Los más tolerantes de los mahometanos son los persas (nota de Montesquieu).
MONTESQUIEU, Cartas Persas, 1721. Editorial Planeta, 1989. Traducción del abate José Marchena, 1821. Sobre la Inquisición, consultar web de Gabriel Bernat. [FD, 17/05/2007]
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