DESPOTISMO DEMOCRÁTICO Y AMOR A LA LIBERTAD, por Alexis de Tocqueville
“Casi todos se manifiestan enemigos de las asambleas deliberantes, de los poderes locales y secundarios, y en general de todos esos contrapesos establecidos en distintas épocas en todos los pueblos libres para equilibrar la acción del poder central. Según algunos, el Estado no tiene como única misión mandar sobre la nación, sino moldearla de cierta manera; a él incumbe formar el espíritu de los ciudadanos con arreglo a un determinado modelo elegido de antemano; su deber consiste en imbuirle ciertas ideas e infundir en su corazón determinados sentimientos que juzga necesarios. En realidad, no hay límites a sus derechos ni hitos para lo que puede hacer; no solamente reforma los hombres, sino que los transforma; ¡podría, si quisiera, convertirlos en otros! Esta forma particular de tiranía se llama despotismo democrático. No más jerarquías en la sociedad, ni separación de clases, ni rangos fijos; sino un pueblo compuesto por individuos casi semejantes y enteramente iguales, esa masa confusa reconocida como el único soberano legítimo, pero cuidadosamente privada de todas las facultades que pudieran permitirle dirigir o incluso vigilar por sí misma su gobierno. Por encima de ella, un mandatario único encargado de hacerlo todo en su nombre sin consultarla. Para controlar éste, una razón pública sin órganos; para contenerlo, revoluciones y no leyes; de derecho, un agente subordinado; de hecho, un amo.”
Es digno de ser destacado el hecho de que, entre todas las ideas y todos los sentimientos que prepararon el camino a la Revolución, la idea y el amor de la libertad pública propiamente dicha fueron los últimos en presentarse y los primeros en desaparecer.
ALGUNOS ADORARÍAN LA IGUALDAD HASTA EN LA SERVIDUMBRE
Hacía tiempo que había empezado a resquebrajarse el viejo edificio del gobierno, estaba a punto de derrumbarse y apenas se hablaba todavía de libertad. Voltaire casi no pensaba en ella; tres años de estancia en Inglaterra le habían hecho conocerla, pero no amarla. La filosofía escéptica que se predica en Inglaterra le cautiva, pero sus leyes políticas apenas le interesan, y de ellas percibe mejor, los vicios que las virtudes. De lo que menos habla en sus cartas sobre Inglaterra, que figuran entre sus obras maestras, es del parlamento; en realidad, lo que más envidia a los ingleses es su libertad literaria, pero no se interesa por su libertad política, como si la primera pudiera existir mucho tiempo sin la segunda.
Hacia mediados del siglo, aparecen cierto número de escritores que tratan especialmente cuestiones de administración pública, a los cuales se les ha dado el nombre común de economistas o fisiócratas, por la semejanza de varios de sus principios. Los economistas han tenido en la historia menos brillo que los filósofos, y quizá hayan contribuido menos que éstos al advenimiento de la Revolución; pero creo, no obstante, que es en sus escritos donde mejor se puede estudiar su verdadera naturaleza.
Los filósofos apenas fueron más allá de las ideas generales y abstractas en cuestiones de gobierno; los economistas, sin separarse de las teorías, llegaron mucho más cerca de los hechos. Los primeros dijeron lo que se podía idear; los segundos indicaron muchas veces lo que se podía hacer.
Es más, en sus libros se percibe ya ese temperamento revolucionario y democrático que tan bien conocemos; no sólo odian ciertos privilegios, sino que la misma diversidad les resulta odiosa: adorarían la igualdad hasta en la servidumbre. Todo aquello que se interpone en el logro de sus designios, merece ser hecho añicos. Los contratos les inspiran poco respeto; los derechos privados, ninguna consideración; mejor dicho, para ellos ya no existen, propiamente hablando, contratos privados, sino solamente utilidad pública. A pesar de todo, los economistas son en general personas de costumbres dulces y tranquilas, hombres de bien, magistrados honrados, hábiles administradores; pero el carácter particular de su obra los arrastra.
El pasado constituye para los economistas un objeto de desprecio sin límites. “La nación está gobernada desde hace siglos por falsos principios; todo parece haber sido hecho a la ventura”, dice Letronne. Y, partiendo de esa idea, se ponen manos a la obra; no hay institución en nuestra historia, por antigua que sea y bien fundada que parezca, cuya abolición no pidan a poco que les incomode o les perjudique en la simetría de sus planes.
Todas las reformas sociales y administrativas llevadas a cabo por la Revolución, ya fueron concebidas por ellos antes de que se abriera paso en su espíritu la idea de las instituciones libres. Es cierto que se muestran favorables al libre cambio de productos, al laissez faire o al laissez passer en el comercio y en la industria; pero respecto a las libertades políticas propiamente dichas, ni siquiera pensaban en ellas, e incluso cuando tal idea les asaltaba por casualidad, la desechaban inmediatamente.
Casi todos se manifiestan enemigos de las asambleas deliberantes, de los poderes locales y secundarios, y en general de todos esos contrapesos establecidos en distintas épocas en todos los pueblos libres para equilibrar la acción del poder central. “En un gobierno, el sistema de contrapesos –dice Quesnay- es una idea funesta”. “Las especulaciones por virtud de las cuales se ha imaginado el sistema de los contrapesos, son quiméricas”, afirma un amigo de Quesnay.
UN ESTADO OMNIPOTENTE HACE CON LOS HOMBRES LO QUE QUIERE
La única garantía que inventan contra el abuso del poder, es la educación pública; pues –como dice también Quesnay- “el despotismo es imposible en un país culto”. “Víctimas de los males que acarrean los abusos de la autoridad –dice otro de sus discípulos-, los hombres han inventado mil medios totalmente inútiles, y han descuidado el único realmente eficaz, que es la enseñanza pública general continua de la justicia por esencia y del orden natural”. Con este pequeño galimatías literario creen que pueden suplir todas las garantías políticas.
A Letronne, que tan amargamente deplora el abandono en que el gobierno tiene a los campos, que nos muestra sin caminos, sin industria, sin instrucción, ni siquiera se le ocurre que, si fueran los habitantes quienes se ocuparan de todo esto, las cosas marcharían mejor.
Turgot mismo, a quien su grandeza de alma y sus raras cualidades colocan muy por encima de los demás, tampoco siente un gran amor por las libertades políticas, o lo manifiesta ya tarde, cuando el sentimiento público se lo sugiere. Para él, como para la mayoría de los economistas, la primera garantía política es una determinada instrucción pública dada por el Estado conforme a ciertos procedimientos y a un determinado espíritu. La confianza que tiene en esta especie de medicación intelectual o, como dice uno de sus contemporáneos, en el mecanismo de una educación conforme a los principios, no conoce límites.
Hacía tiempo que había sido destruida la libertad política en Francia, que casi se habían olvidado por completo sus condiciones y efectos. Es más, los restos informes que aún quedaban de ella y las instituciones que parecían creadas para sustituirla la hacían sospechosa, e inspiraban prejuicios en contra suya. A los economistas les parecía impracticable la idea de llevar a cabo la revolución que imaginaban sirviéndose de aquellos anticuados instrumentos; el pensamiento de confiar la ejecución de sus planes a la nación dueña ya de sí misma les agradaba muy poco; pues, ¿cómo lograr que todo un pueblo adoptara y siguiera un sistema de reforma tan vasto y cuyas partes estaban tan estrechamente ligadas entre sí? Les parece más fácil poner al servicio de sus designios la misma administración real.
No hay que destruir, pues, ese poder absoluto, sino transformarlo. “Es preciso que el Estado gobierne conforme a las normas del orden esencial –dice Mercier de la Rivière-, para lo cual se necesita que sea omnipotente”. “Que el Estado comprenda bien su deber –dice otro-, y désele luego libertad.” Desde Quesnay al abate Bodeau, todos expresan el mismo parecer.
No sólo cuentan con la administración real para reformar la sociedad de su tiempo; de ella toman, en parte, la idea del gobierno futuro que intentan fundar. La primera les inspira esta última.
Según los economistas, el Estado no tiene como única misión mandar sobre la nación, sino moldearla de cierta manera; a él incumbe formar el espíritu de los ciudadanos con arreglo a un determinado modelo elegido de antemano; su deber consiste en imbuirle ciertas ideas e infundir en su corazón determinados sentimientos que juzga necesarios. En realidad, no hay límites a sus derechos ni hitos para lo que puede hacer; no solamente reforma los hombres, sino que los transforma; ¡podría, si quisiera, convertirlos en otros! “El Estado hace de los hombres todo lo que quiere”, dice Bodeau. Esta frase resume todas sus teorías.
EL DESPOTISMO DEMOCRÁTICO, UNA FORMA PARTICULAR DE TIRANÍA
Ese inmenso poder social que imaginan los economistas, no sólo es más grande que ningún otro de los que tienen ante sus ojos, sino que difiere de estos en origen y carácter. No emana directamente de Dios ni está relacionado con la tradición. Es impersonal; ya no se llama rey, sino Estado; no es la herencia de una familia, sino el producto y el representante de todos, y debe conseguir que el derecho individual se pliegue a la voluntad de todos.
Esta forma particular de tiranía que se llama despotismo democrático, de que la Edad Media no tenía idea, les es familiar a los economistas. No más jerarquías en la sociedad, ni separación de clases, ni rangos fijos; sino un pueblo compuesto por individuos casi semejantes y enteramente iguales, esa masa confusa reconocida como el único soberano legítimo, pero cuidadosamente privada de todas las facultades que pudieran permitirle dirigir o incluso vigilar por sí misma su gobierno. Por encima de ella, un mandatario único encargado de hacerlo todo en su nombre sin consultarla. Para controlar éste, una razón pública sin órganos; para contenerlo, revoluciones y no leyes; de derecho, un agente subordinado; de hecho, un amo.
Se suele creer que las teorías destructivas hoy designadas con el nombre de socialismo son de origen reciente. Es un error, tales teorías son contemporáneas de los primeros economistas. Mientras éstos empleaban el gobierno omnipotente con el que soñaban cambiar la forma de la sociedad, los otros se apoderaban con la imaginación del mismo poder para destruir sus cimientos.
Leed el Código de la Naturaleza de Morelly, y en él hallaréis, junto a las doctrinas de los economistas sobre la omnipotencia del Estado y sus ilimitados derechos, muchas de las teorías políticas que más han horrorizado a Francia en estos últimos tiempos y cuyo nacimiento nos figuramos haber presenciado: la comunidad de bienes, el derecho al trabajo, la igualdad absoluta, la uniformidad en todas las cosas, la regularidad mecánica en todos los movimientos de los individuos, la tiranía reglamentaria y la absorción completa de la personalidad de los ciudadanos por el cuerpo social.
“Nada, en la sociedad, pertenecerá ni particularmente, ni en propiedad, a nadie”, dice el artículo 1º del Código. “La propiedad es detestable, y el que intentare restablecerla será encerrado de por vida como loco furioso y enemigo de la humanidad. Todo ciudadano será alimentado, sustentado y ocupado a expensas del público”, dice el artículo 2º. “Se reunirán todos los productos en almacenes públicos para distribuirlos entre todos los ciudadanos y destinarlos a satisfacer las necesidades de la vida. Las ciudades se construirán con arreglo a un mismo plano; todos los edificios destinados al uso de los particulares serán iguales. A la edad de cinco años todos los niños serán separados de sus familias y educados en común de una manera uniforme al servicio del Estado.”
Este libro parece escrito ayer, pero lo fue hace cien años; apareció en 1775, al mismo tiempo que Quesnay fundaba su escuela. Hasta tal punto es cierto que la centralización y el socialismo son productos del mismo suelo; son uno, respecto del otro, lo que el fruto cultivado es al silvestre.
LA ADMINISTRACIÓN DE LA BUROCRACIA Y EL GOBIERNO DE LOS ELECTORES
De todos los hombres de su época, los economistas son los que pueden parecer menos desambientados en la nuestra; su pasión por la igualdad resulta tan decidida, y tan incierto su amor por la libertad, que tienen un engañoso aspecto de contemporáneos. Hacia 1750 la nación entera no se hubiera mostrado más exigente en materia de libertad política que los mismo economistas; al perder su uso, había perdido el amor a esa libertad y hasta la idea de la misma.
Más que derechos, la nación deseaba reformas y, si entonces hubiera ocupado el trono un príncipe de la talla y del carácter de Federico el Grande, estoy seguro de que tanto en la sociedad como en el gobierno habría llevado a cabo muchos de los más importantes cambios introducidos por la Revolución, no sólo sin perder su corona, sino aumentando mucho su poder.
Veinte años después, la situación era muy distinta: la imagen de la libertad política había sido ya percibida por los franceses y cada día les atraía más, como lo revelan numerosos hechos. Cuando en 1771 son destruidos los parlamentos, el mismo público, que tanto había padecido a causa de los prejuicios de aquellos, se conmueve profundamente ante su caída. Se diría que con ellos se derrumbaba la última barrera capaz de contener aún la arbitrariedad real.
Conviene no perder de vista lo antedicho si se quiere comprender la historia de nuestra Revolución. Cuando se despertó el amor de los franceses por la libertad política, ya habían concebido un cierto número de nociones en materia de gobierno que no sólo no se avenían fácilmente con la existencia de instituciones libres, sino que casi eran contrarias a ellas.
Habían admitido como ideal de una sociedad un pueblo sin más aristocracia que la de los funcionarios públicos, una administración única y todopoderosa, directora del Estado, tutora de los particulares. Cuando quisieron ser libres, no desecharon esta primera noción, tan sólo intentaron conciliarla con la de la libertad.
Emprendieron, pues, la tarea de mezclar una centralización administrativa sin límites y un cuerpo legislativo preponderante: la administración de la burocracia y el gobierno de los electores. La nación, como cuerpo, recibió todos los derechos de la soberanía, cada ciudadano en cuanto particular quedó sujeto a la más estrecha dependencia; a la primera se le pidieron la experiencia y las virtudes de un pueblo libre; al segundo, las cualidades de un buen servidor.
EL QUE NO BUSCA LA LIBERTAD POR SÍ MISMA ESTÁ HECHO PARA SERVIR
Ese deseo de introducir la libertad política en medio de instituciones e ideas ajenas o contrarias a ella, pero de las que ya habíamos contraído el hábito o concebido el gusto de antemano, es lo que desde hace sesenta años ha producido tantos vanos ensayos de gobiernos libres seguidos de tan funestas revoluciones, hasta que al fin muchos franceses, fatigados de tantos esfuerzos, desalentados por un trabajo tan laborioso y estéril, abandonando su segunda idea para volver a la primera, acabaron por pensar que, después de todo, tenía aún cierto atractivo vivir bajo un amo. Esto es lo que nos hace parecernos más a los economistas de 1750, que a nuestros antepasados de 1789.
Me he preguntado a menudo dónde está el origen de esta pasión por la libertad política que en todos los tiempos ha inducido a los hombres a realizar las cosas más grandes llevadas a cabo por la humanidad, en qué sentimientos se enraíza y se nutre.
Bien veo que, cuando los pueblos están mal gobernados, sienten espontáneamente el deseo de gobernarse a sí mismos; pero esa clase de amor a la independencia, que nace de ciertos males particulares y pasajeros que el despotismo trae consigo, nunca es duradero: pasa con el accidente que lo había hecho nacer; lo que parecía amor a la libertad no era más que odio al tirano. Lo que odian los pueblos nacidos para ser libres es el mal mismo de la dependencia.
Tampoco creo que el verdadero amor a la libertad haya nacido nunca de la mera contemplación de los bienes materiales que procura, pues esa contemplación se oscurece con frecuencia. Cierto es que a la larga la libertad aporta siempre holgura, bienestar y a menudo riqueza a los que saben conservarla; pero hay momentos en que perturba momentáneamente el uso de tales bienes; hay otros en que sólo el despotismo puede procurarlos pasajeramente. Los hombres que no la aman sino por estos bienes, jamás la han conservado largo tiempo.
Lo que le ha ganado en todas las épocas el corazón de ciertos hombres son sus mismos atractivos, su propio encanto, con independencia de sus beneficios; es el placer de poder hablar, obrar, respirar sin temor, sin más gobierno que el de Dios y el de las leyes. El que busca en la libertad otra cosa que no sea ella misma está hecho para servir.
Ciertos pueblos la persiguen obstinadamente a través de toda clase de peligros y miserias. No la aman, pues, por los bienes materiales que les proporciona, sino por considerarla en sí como un bien tan precioso y necesario, que ningún otro podría consolarles de su pérdida y de todo se consuelan disfrutándola. Otros se cansan de ella en medio de su prosperidad; se la dejan arrebatar de las manos sin resistencia, por miedo a comprometer en el esfuerzo ese mismo bienestar que le deben.
¿Qué les falta a éstos para seguir siendo libres? ¿Qué? La satisfacción misma de serlo. No me pidáis que analice esa sublime satisfacción; es preciso sentirla. Penetra por sí misma en los corazones grandes que Dios ha preparado para recibirla; los llena y los inflama. Hay que renunciar a hacérsela comprender a las almas mediocres que nunca la han sentido.
* * *
ALEXIS DE TOCQUEVILLE, El Antiguo Régimen y la Revolución, Libro tercero, capítulo III. Alianza Editorial, 2004. [FD, 10/02/2007]
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March 10th, 2007 @ 1:39 pm
[...] pasa con el poder judicial que nunca se habla de él?). Lo de los contrapesos del poder central, que la izquierda socialista y comunista nunca ha respetado, no sólo deben consistir en la división y separación de poderes en el Estado, [...]
October 28th, 2007 @ 11:51 am
[...] sociedad hay que prevenir y evitar todo tipo de despotismo, incluyendo el de las mayorías, pues ya Tocqueville alertó contra el riesgo de que la igualdad democrática acabara arrastrando dulcemente al [...]
October 12th, 2009 @ 9:34 pm
Ken Wilber – Internet como una tecnología que facilita las cosas.
Una hipóstesis básica de “Up from Eden” es la distinción de dos líneas de desarrollo en términos de crecimiento de consciencia. Wilber distingue el nivel de alcanzar lo que él llama la élite espiritual, que evoluciona desde el chamanismo y su maestría en el dominio de la consciencia a Buda (y los exploradores expirituales posteriores), con su descubrimiento de los estados sutiles y no duales. Esto nos llevaría muy lejos a la hora de detallar estos estados, que tienen asociaciones empíricas verificables atentiendo a la visión global, la psicología, etc.
Obviamente, el “estado medio de consciencia”, por ejemplo, el nivel del resto de nosotros, no se desarrolla bastante rápido. De hecho, va terriblemente despacio, también de mágico a mítico y a racional hasta el estado presente. Wilber añade, acorde al Marxismo, que la base tecno-social de la sociedad es el factor clave que determina este “estado medio de consciencia” y apunta que las tecnologías de la comunicación son claves determinantes de esa base tecno-social.
Para dar algunos ejemplos: parece claro que la escritura fue importante en el paso de la sociedad mágica a la mítica; que la imprenta fue determinante para poder crear la consciencia de nación y el dominio eventual de la racionalidad.
Por ejemplo, la escritura y las tecnologías relacionadas de la comunicación permitieron la consolidación del conocimiento y por lo tanto la creación de imperios, de formas de identificarse con más grupos sociales (aquellos que compartían el mito del imperio), con la consciencia espacial expandida (la consciencia tribal tenía limitada la cantidad de espacio que podía comprender), etc.
El papel del libro y la imprenta (por ejemplo, la revolución Gutemberg) ha sido discutida ampliamente por los historiadores. Así, podemos hablar de tecnologías que permiten cambios, en el sentido de que permiten el crecimiento a nuevos estados de consciencia y hacen posible que ese estado se convierta en dominante en la sociedad. Sin embargo, Wilber hace incapié en que no existe nada determinista o automático en estos procesos. Aunque estas tecnologías “objetivamente” permiten un impulso en el crecimiento de la civilización, la intencionalidad de los individuos es la que tiene que hacer esto realidad.
Entrar en Inernet. Está claro que Internet, en el amplio contexto de las tecnologías de la información y las redes mundiales de comunicación, es precisamente una tecnología clave.
Se puede decir que Internet, como red mundial de comunicaciones de-muchos-a-muchos, que extiende nuestros sentidos para abarcar eventos y realidades dispersas por la mayoría del mundo conectado, objetivamente hace posible un nuevo nivel de consciencia en el cual los individuos pueden extender su sentido de identidad más allá, por ejemplo, de la identificación con la nación o el estado.
La “envergadura” de nuestra consciencia media en términos de “espacio” puede llegar a ser al menos potencialmente mucho mayor. Este aspecto cultural de Internet tiene por supuesto una correlación tecno-social que influye no solo en la forma en la que vemos el mundo, sino también la forma en que funciona nuestra sociedad, y muchos están de acuerdo en que estamos evolucionando hacia una “Era de la Información” con una estructura social basada en la red en la que las instituciones como la nación-estado se están erosionando, tal como se puede ver en hechos objetivos como la privatización de muchas empresas estatales, erosión del control de las corrientes fiancieras, una des-jerarquización de los modelos de las organizaciones, etc.
Ken Wilber estaría de acuerdo en que en un cierto grado, el estado objetivo del ser influye en la consciencia.
En “Sex, Ecology and Spirituality” da su propio ejemplo de este cambio cuando habla de la situación de la mujer en la sociedad. En tanto en cuanto nuestra posición en la sociedad estuvo determinada por cierto grado de fuerza física, era normal que el hormbre fuera el sexo dominante. Pero según evolucionamos a la sociedad de la información, donde ese factor es irrelevante, el dominio patriarcal se hace más contradictorio con las necesidades de la sociedad y así comienza a desaparecer y la sociedad se prepara para aceptar nuevos roles en los que la liberación social, política y sexual de la mujeres es una posibilidad. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo con los movimientos de las mujeres y sus logros, aunque todavía la dificultad para alcanzar la igualdad real muestra que eso no lo pueden hacer ellas solas.
Así, una y otra vez, durante nuestra conversación, Ken Wilber recalcaría que el proceso no es automático. La revolución Gutemberg fue de todo menos suave y tuvo muchas consecuencias negativas dando lugar a guerras religiosas y civiles, estados absolutistas, etc. La fórmula a la que recurre Ken Wilber es: dale Internet a los fascistas y la convertirán en una herramienta de opresión, no de liberación.
En otras palabras, los cambios en el mundo material objetivo, la base tecno-científica de la sociedad, no llevan automáticamente al cambio y al crecimiento humano. Crean tensión en la sociedad y el individuo, que aún necesita estar integrado en síntesis mayores para que se tome consciencia de lo nuevo. El mundo cultural de la sociedad y la visión del mundo intencional-subjetiva del individuo tienen que cambiar también. Y este tipo de cambio no es sólo asunto de mayor “envergadura”, por ejemplo, ver el mundo como un todo y elegir una identificación más planetaria, sino que se trata de algo más profundo, una reorganización de nuestra psique en algo más amplio, profundo, integrador. Y este proceso nunca es automático, sino que requiere intencionaliad y esfuerzo humano.
Por consiguiente, Ken Wilber se opone a cualquier clase de ciber-utopía ingenua que prometa un mundo paradisíaco en el que mentes sin cuerpo y todas iguales, morando en el ciberespacio, creen un mundo de paz y fraternidad. Dad más poder y control a las mentes que no están por la labor de integrar esa responsabilidad en uno mismo y en su sentido del deber y se obtendrá destrucción, si no regresión. Como dice el dicho francés: “science sans conscience est derive de l’ame”.
Uno de los conceptos importantes que se pueden encontrar en la obra de Ken Wilber es lo que él llama la falacia pre/trans. Si ves el desarrollo humano como crecimiento (magia, mito, racional, transracional), es obvio que existen dos clases de no-racionalidad. Están las formas pre-racionales de pensamiento, las mágicas y las míticas (donde la razón aún no existe o está abandonada) y están las formas transracionales (donde la razón permanece intacta, pero es transcendida en estados transmentales).
Por ejemplo, en la meditación eres consciente del funcionamiento de la mente, lo trasciendes, pero no lo “abandonas” o regresas a estadios más infantiles. De acuerdo con el análisis de Ken Wilber, sin embargo, gran parte de la espiritualidad contemporánea es precisamente eso: regresión a los estados pre-racionales, donde el pensamiento crítico es abandonado.
Y obviamente, la tensión inducida por los cambios tecno-sociales, bases de la sociedad, pueden llevar a algunas personas a trascenderse a ellos mismos a estados más elevados de consciencia, pero puede hacer regresar a otros y buscar soluciones en los nacionalismos y tribalismos (en la esfera político-cultural).
¡Y estas tendencias están ocurriendo!. Internet de por sí puede convertirse en un medio donde esa consciencia fracturada se expanda, que estimule la creación de comunidades tribales de interés sin el corolario de una consciencia planetaria y parecida a las instituciones globales. Igualmente, Internet puede fortalecer el renacimiento de formas de religión mágicas o míticas. Y finalmente, si aceptamos que el ciberespacio es un producto cultural que también refleja nuestra mente iconsciente, se puede convertir en negociador de nuestras tendencias regresivas y lugar para nuestro lado más oscuro, incluyendo conductas criminales.
- Hacia una visión-lógica en una sociedad basada-en-la-red.
No obstante, a pesar de estos peligros y limitaciones, Internet y el ciberespacio representan ese cambio en la base tecno-social de la sociedad, por lo tanto son tecnologías que dan a la sociedad y la cultura una oportunidad de moverse a planos más elevados de integración y consciencia. Por supuesto, para Ken Wilber, esto no significa que todos llegaremos a la iluminación.
Para ver donde nos lleva el siguiente paso en la evolución de la cultura humana tenemos que analizar el desarrollo de individuos avanzados. Recordamos a los lectores el sumario en la primera sección: según Wilber, la socio-génesis es un espejo de la psico-génesis.
De acuerdo con esto, muy pocas personas están preparadas para moverse a los estados puros transracionales, como los estados mediúmnicos (por ejemplo los chamanes), causales (los santos), sutiles (profetas) y no-duales (mentes-Buda completamente realizadas), pero un grupo considerable está listo y de hecho ya se ha movido a un nuevo estado fronterizo entre la razón y el estadio transracional.Este estado se llama visión-lógica (vision-logic) y es un paso adelante con respecto al estado racional.
No hay que decir, por supuesto, que toda la sociedad y sus miembros han alcanzado el estado completo de racionalidad, pero en conjunto, nuestras sociedades están dominadas por modelos racionales de pensamiento, tal como lo maniefiestan las comunidades científicas, culturales, políticas y económicas.
Y dentro de estos círculos, un grupo importante se está moviendo desde la racionalidad instrumental — una estrecha visión de la racionalidad que es capaz solamente de ver los intereses de los individuos o su grupo, a la visión-lógica, una visión expandida de la razón que es capaz de integrar múltiples puntos de vista e intereses. Si el modo racional de operar puede explicar la psicología y logros de la mayoría de nosotros, no es adecuado explicar así lo que han conseguido grandes científicos, filósofos y artistas. Esto es porque la mayoría de psicólogos evolucionistas están haciendo sus postulaciones en un estado superior a la racionalidad, algo que está muy documentado.
Con la racionalidad instrumental normal y la lógica podemos tener una visión centrada en un mundo donde predominarán los intereses personales. La racionalidad es usada para lograr objetivos personales. Por ejemplo, el interés de la mayoría de los negocios en su propio beneficio, los políticos interesados en ser elegidos a toda costa, particulares queriendo hacer carrera a cualquier coste usarán la racionalidad instrumental para alcanzar sus objetivos sin tener en cuenta el efecto que sus acciones tendrán sobre los demás o su entorno. La realidad se suele ver en términos de sí o no.
Por ejemplo: “si esto es verdad, entonces lo otro no puede serlo”. Con la visión-lógica se pueden integrar fácilmente múltiples perspectivas llegando a más independencia de la que ofrece el razonamiento egocéntrico. La visión-lógica se expresa por ejemplo en la preparación de guiones, donde se preparan múltiples situaciones futuras al mismo tiempo; también en estudios medioambianteles y de impacto donde el resultado sobre los otros de las acciones propias son tomadas en cuenta en su totalidad; y en general en muchas actividades que contemplan de manera creciente el impacto sobre los demás. El individuo puede llegar fácilmente más allá de sus propios intereses o los de su grupo.
Desde esta perspectiva de cambio en las mentalidades, cambio en las estructuras personales, podemos ver como Internet proporciona muchas herramientas y posibilidades que pueden fortalecer ese cambio. No ofrece sólo una perspectiva planetaria, la posibilidad de encontrarse con múltiples puntos de vista en una misma fuente (sin la intromisión y distorsión de los medios de comunicación) y la capacidad de entrar en contacto con ellos. Crea múltiples redes de relaciones que están alterando profundamente la estructura de la sociedad. Internet ayuda a crear una “sociedad de mentes” donde tiene lugar un constante diálogo entre iguales.
Por otro lado, Internet crea un espacio sin cuerpo donde perderse de la realidad física y corporal; crea un medio donde un constante flujo de información insustancial hipnotiza al usuario y lo hace regresar a formas de ser puramente reactivas y, mediante el juego y la pornografía, puede activar los niveles instinto-emocionales y sobre-desarrollar estos aspectos de la psique en detrimento de otros y en detrimento de una integración coherente de los diferentes aspectos de la persona. Internet puede ayudar a pasar a una nueva fase de transcendencia y también llevarnos a nuevas formas de regresión.
Para Ken Wilber, la conclusión está clara. No es suficiente basar nuestras esperanzas en la base material-lógica de Internet, no es suficiente con basarnos en las meras posibilidades de diálogo colectivo sin que esto tenga correlación en forma de una más integrada visión-lógica basada en uno mismo y en la atención a la cultura planetaria. Si las organizaciones globales no se comprometen con con la actual crisis general, Internet será sólo un instrumento para la crisis. De hecho, si la base tecno-social se mueve más rápido que nuestro estado de consciencia surgirá una dicotomía y una crisis cultural de la sociedad.
En el pasado, las grandes reformas espirituales han tenido lugar (como el “periodo axial” en el siglo 6 Antes de Cristo, el ascenso del Cristianismo y el Islam y como la Reforma Protestante tras Gutemberg) de manera dolorosa y las transiciones sociales, económicas y políticas han creado estragos en la sociedad. Estamos ahora precisamente en medio de una de esas crisis, tal como evidencia la crisis de la ciencia y la racionalidad, el surgir de la nueva era, los fundamentalismo y el cinismo postmoderno. Cuantos más sean los capaces de crecer a un nivel personal más íntegro, más suave será la transición.
Es por esto por lo que la obra de Ken Wilber es tan importante, ya que refleja un nuevo nivel de integración que puede servir como modelo.
http://www.redcientifica.com/doc/doc199904020004.html
October 12th, 2009 @ 10:40 pm
Francisco Carrillo Gil:
“En todos los pasos de la evolución observamos una complejidad creciente y una mayor capacidad de almacenar información. En una visión panteísta “el universo es Dios”; Dios no es el creador del universo sino que el universo, a medida que se desarrolla y evoluciona va creando al propio Dios, alcanzando cotas cada vez mayores de complejidad y de consciencia”.
“La materia, a partir de su aparición, procedente de la energía primigenia del big-bang en el comienzo del Universo, ha sufrido una constante evolución; las unidades materiales tienden a asociarse y esto lleva a un creciente estado de mayor complejidad: la materia se va constituyendo en niveles de organización cada vez más complejos en su trayectoria evolutiva que coexisten con la de anteriores niveles, más simples; Así, en el Universo hay todo un muestrario de todos los estados materiales: los de anteriores etapas evolutivas y los actuales. ¿Hasta donde llegará esta carrera evolutiva en la complejidad material? Reflexionemos sobre algunos aspectos… ”
http://www.redcientifica.com/doc/doc200209160300.html
October 12th, 2009 @ 11:35 pm
Un acercamiento a la realidad humana desde el lenguaje
El lenguaje, esclavo del cuerpo y constructor de realidad
Guillermo Brand Deisler
“INTRODUCCION
Una de las característica más sobresalientes de los seres humanos es su comportamiento gregario afectivo, que los impulsa a interactuar con sus semejantes. Otra, y de su exclusivo dominio, es su particular capacidad para acceder a un mundo abstracto, por él construido, y deambular por los parajes que su obra le ofrece. La segunda nos ha permitido acceder a la Razón, notable instrumento incorporado recientemente en la historia de la vida sobre el planeta, en tanto que la primera, haciendo uso de la segunda, nos lleva a prodigarnos en la búsqueda de reconocimiento y valoración.
(…)
October 12th, 2009 @ 11:35 pm
http://www.redcientifica.com/doc/doc200106080001.html